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lunes, 20 de octubre de 2014

Cambiar esquemas: El cangrejo que andaba hacia adelante





Las creencias determinan lo que pensamos y lo que sentimos y, en última instancia, cómo actuamos. Cuando somos conscientes de nuestras creencias ésta no imponen su fuerza en nuestra mente y nuestra voluntad pero si una creencia opera de forma inconsciente puede limitar nuestro crecimiento y desarrollo. A veces para llegar a ser nosotr@s mism@s y hacer lo que estamos llamad@s a hacer tenemos que romper nuestros propios muros mentales y afrontar la incomprensión del entorno. Así le ocurre al cangrejo del siguiente relato: 


Un joven cangrejo pensó: “¿Por qué todos los miembros de mi familia caminan hacia atrás? Quiero aprender a caminar hacia delante, como las ranas, y que se me caiga la cola si no lo consigo”.

Empezó a entrenarse a escondidas, entre las piedras de su arroyo nativo, y los primeros días le costaba muchísimo trabajo lograrlo. Chocaba contra todo, se magullaba la coraza y una pata se le enredaba con la otra. Pero las cosas fueron mejorando lentamente, porque todo puede aprenderse cuando se desea de veras.
Cuando estuvo bien seguro de sí mismo, se presentó ante su familia y les dijo:
- Fijaos.
Y dio una magnífica carrerilla hacia delante.
- Hijo mío -dijo llorando la madre-, ¿has perdido el juicio? Vuelve en tí y camina como te han enseñado tu padre y tu madre; camina como tus hermanos, que tanto te quieren.

Sus hermanos, no obstante, se tronchaban de risa.
El padre se lo quedó mirando un rato severamente, y luego dijo:
- ¡Ya basta! Si quieres quedarte con nosotros, camina como todos los cangrejos. Si quieres hacer lo que te parezca, el arroyo es bastante grande: vete y no regreses más.

El buen cangrejo quería a su familia, pero estaba convencido de que tenía la razón. Abrazó a su madre, saludó a su padre y a sus hermanos y se marchó.
Su paso despertó inmediatamente la sorpresa de un grupo de ranas que, como buenas comadres, se habían reunido en torno a una hoja de nenúfar para charlar.
- El mundo va al revés - dijo una rana -. Mirad aquel cangrejo y decidme si me equivoco.
- Ya no hay educación - dijo otra rana.
- Vaya, vaya - dijo una tercera.

Pero, todo hay que decirlo, el cangrejito continuó adelante por el camino que había escogido. En cierto momento oyó que le llamaba un viejo cangrejote de expresión melancólica, que estaba solitario junto a un guijarro.

- Buenos días -dijo el joven cangrejo.
El viejo le observó atentamente y luego le preguntó:
- ¿Qué te crees que estás haciendo? También yo, cuando era joven, pensaba enseñar a caminar hacia delante a los cangrejos. Y mira lo que he conseguido: vivo solo y la gente se cortaría la lengua antes que dirigirme la palabra. 

Mientras estés a tiempo de hacerlo, hazme caso: resígnate a caminar como los demás y un día me agradecerás el consejo.
El joven cangrejo no sabía qué responder y no dijo nada. Pero pensaba: “Yo tengo la razón”.

Y después de saludar atentamente al viejo, volvió a emprender de nuevo su camino orgullosamente.

¿Llegará muy lejos? ¿Tendrá suerte? ¿Logrará enderezar todas las cosas torcidas de este mundo? Nosotros no lo sabemos, porque está todavía caminando con el coraje y la decisión del primer día. Sólo podemos desearle, de todo corazón: ¡Buen viaje!

Del libro ”Cuentos por teléfono” de Gianni Rodari- Ed. Juventud. 16ª edición. 1998

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