Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

viernes, 27 de junio de 2014

Tiempo de mudanza ¿Qué es renovarse?

 
 
 
Para que lo nuevo aparezca tiene que morir completamente lo viejo. Y lo viejo es aquello que ya no nos sirve para ser, estar y avanzar. Pero, como todo lo que poseemos, incluso lo que no nos gusta, nos da seguridad, pienso que lo primero que hay que abordar ante cualquier cambio es el temor a la pérdida. Creo que cualquier renovación pasa por trabajar el miedo.

sábado, 21 de junio de 2014

No copies, sé lo que eres

 



Dice Krishnamurti que las personas no logramos nada original porque nos dedicamos a copiar lo que otras hacen y a saltar de creencia en creencia en lugar de dejar que nos guíe nuestra propia estrella. ¿Cómo podemos vislumbrarla? Pues no hay otra forma que escuchando nuestra voz interior. Esta fluye en el silencio, tal y como muestra este cuento oriental.


EL ÁRBOL QUE NO SABÍA QUIEN ERA

Había una vez en un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un jardín esplendoroso con árboles de todo tipo: manzanos, perales, naranjos, grandes rosales,... Todo era alegría en el jardín y todos estaban muy satisfechos y felices. Excepto un árbol que se sentía profundamente triste. Tenía un problema: no daba frutos.

-No sé quién soy... -se lamentaba-.
-Te falta concentración... -le decía el manzano- Si realmente lo intentas podrás dar unas manzanas buenísimas... ¿Ves qué fácil es? Mira mis ramas...
-No le escuches. -exigía el rosal- Es más fácil dar rosas. ¡¡Mira qué bonitas son!!
Desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no conseguía ser como los demás, cada vez se sentía más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves. Al ver la desesperación del árbol exclamó:
-No te preocupes. Tu problema no es tan grave... Tu problema es el mismo que el de muchísimos seres sobre la Tierra. No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo tal como eres. Para conseguir esto, escucha tu voz interior...
¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?... -se preguntaba el árbol angustiado y desesperado-. Después de un tiempo de desconcierto y confusión se puso a meditar sobre estos conceptos.

Finalmente un día llego a comprender. Cerró los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior susurrándole:
"Tú nunca en la vida darás manzanas porque no eres un manzano. Tampoco florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble. Tu destino es crecer grande y majestuoso, dar nido a las aves, sombra a los viajeros, y belleza al paisaje. Esto es quien eres. ¡Sé quien eres!, ¡Sé quien eres!..."

Poco a poco el árbol se fue sintiendo cada vez más fuerte y seguro de sí mismo. Se dispuso a ser lo que en el fondo era. Pronto ocupó su espacio y fue admirado y respetado por todos.Solo entonces el jardín fue completamente feliz. Cada cual celebrándose a sí mismo.

sábado, 14 de junio de 2014

Yo, estudiante

 
 
 
Ultimamente veo movimientos en busca de un sistema educativo que fomente la responsabilidad, la creatividad y la iniciativa. La demanda parte generalmente de padres y madres. Y me resulta curioso y a la vez contradictorio que quienes piden una formación más proactiva para sus hijos e hijas reclamen a su vez que las soluciones les vengan dadas desde fuera.
 
 


sábado, 7 de junio de 2014

El cuento de Caperucita desde la perspectiva del lobo




CARMEN SALDAÑA, ilustradora.



Muchas veces me he referido a cómo la realidad presenta muchos prismas y he insistido sobre la pobreza de percibirla desde uno solo. Un relato desde un único punto de vista resulta necesariamente parcial, al igual que la idea de cada persona sobre cualquier experiencia es limitada. Se nos ha dicho, y es cierto, que la historia la cuentan siempre los vencedores. (¿Dónde quedan los vencidos?)

Los relatos configuran nuestro imaginario (las imágenes con las que desde la infancia nos identificamos) Uno de los cuentos más populares es ‘Caperucita Roja’, esa pobre niña amenazada por el lobo cuando iba a casa de su abuelita. Pero, ¿qué podría decir el lobo sobre una hostil Caperucita? He encontrado esta joya, todo un derroche de imaginación. Espero que la disfrutéis.


El cuento del lobo

El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo ordenado y limpio. Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos excursionistas, sentí pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi venir una niña vestida en forma muy divertida: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisiera que la vieran. Andaba feliz y comenzó a cortar las flores de nuestro bosque, sin pedir permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que estas flores no le pertenecían. Naturalmente, me puse a investigar. Le pregunté quién era, de dónde venía, a dónde iba, a lo que ella me contestó, cantando y bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo. Me pareció una persona honesta, pero estaba en mi bosque, cortando flores. De repente, sin ningún remordimiento, mató a un zancudo que volaba libremente, pues también el bosque era para él. Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar a maltratar a sus habitantes.

La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegué me abrió la puerta una simpática viejecita, le expliqué la situación y ella estuvo de acuerdo con que su nieta merecía una lección. La abuelita aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.

Cuando llegó la niña la invité a entrar al dormitorio donde estaba yo acostado, vestido con la ropa de la abuelita. La niña llegó, sonrojada, y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran para oírla mejor. Ahora bien, me agradaba la niña y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante acerca de mis ojos saltones. Ustedes comprenderán que empecé a sentirme enojado. La niña tenía bonita apariencia, pero empezaba a serme antipática.

Sin embargo, pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban a verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me encolerizó. Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero. Sé que debí haberme controlado, pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y diciéndole que eran así de grandes para comerla mejor. Ahora, piensen ustedes: ningún lobo puede comerse a una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando y yo corría detrás de ella tratando de calmarla. Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr, me la quité, pero fue mucho peor. La niña gritó aún más. De repente, la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo miré y comprendí que corría peligro, así que salté por la ventana y escapé.

Me gustaría decirles que éste es el final de la historia, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme. No sé qué le pasaría a esa niña antipática y vestida en forma tan rara, pero sí les puedo decir que yo nunca pude contar mi historia. Ahora ustedes ya lo saben.




(Tomado de materiales educativos del Instituto Interamericano de Derechos Humanos)
 

domingo, 1 de junio de 2014

Es duro salir de la autocomplacencia

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Las personas sólo vemos de nosotras mismas aquello que estamos preparadas para asumir. De ahí las resistencias ante cualquier idea que no se acomode a nuestras creencias, a aquello que pensamos sobre nosotras mismas o sobre el mundo. A esto hay quien le llama ‘mecanismo psíquico de protección’. Tal ‘mecanismo’ serviría para evitar que cualquier revelación a destiempo quiebre nuestro equilibrio emocional. De modo que si no hay nadie ni nada que nos despierte, podemos dormir eternamente el sueño de la autocomplacencia, creyendo que todo en nuestra vida va bien, aunque un ‘algo’ interno, algo parecido a una voz, nos susurre de vez en cuando que esto no es así.