Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

jueves, 28 de febrero de 2013

No preguntes nunca 'cómo'



www.sarahgervais.com



La introspección, el examen minucioso de nuestros pensamientos y emociones, es la mejor forma de hacer conscientes nuestras creencias, de depurarlas y de garantizar nuestra libertad interior e integridad. 

Un texto de Krishnamurti para la reflexión:

"Si se me permite una sugerencia, nunca, en ninguna circunstancia preguntes “cómo”. Cuando utilizas la palabra “cómo”, lo que realmente deseas es que alguien te diga lo que debes hacer, deseas una guía, un sistema, buscas a alguien que te lleve de la mano; y, así, pierdes tu libertad, tu capacidad de observar tus actividades, tu pensamiento, tu estilo de vida. Cuando preguntas “cómo”, en realidad te conviertes en un ser de segunda mano, pierdes integridada y también la innata honestidad de mirarte a ti mismo, de ser el que eres y de ir mucho más allá de lo que eres. Nunca, nunca preguntes “cómo”.  Está claro que hablamos desde el punto de vista psicológico. Uno debe preguntar “cómo” cuando quiere montar un motor o construir un ordenador; tiene que aprender recurriendo a otra persona. Pero uno sólo puede ser sicológicamente libre y original cuando es consciente de las propias actividades, cuando está atento a lo que piensa y nunca deja que se escape un solo pensamiento sin observar su naturaleza, su origen. Observar, vigilar. Uno aprende mucho más sobre sí mismo observándose que a través de libros, o de un psicólogo, o de un hombre de letras o profesor, erudito, ingenioso y complicado”.

martes, 26 de febrero de 2013

¿Creo en mis creencias?

Parece un juego de palabras, pero no lo es. Hay algo en lo que cada persona cree indubitablemente: en sus creencias. ¿Y qué son las creencias? Si la afirmación anterior es correcta, esta pregunta debería estar fuera de lugar. Cada cual tendría que conocerlas. Pero la realidad evidencia que no solemos pararnos a pensar en qué creemos y apenas somos conscientes de ello.

domingo, 17 de febrero de 2013

La familiaridad, nuestro instinto más fuerte




Cerca del pueblo donde vivo, en Amorebieta, hay una escultura, obra de un célebre artista. Se le conoce como ‘La patata’, aunque en realidad, no se denomina así. El autor, Andrés Nagel, no quiso bautizarla y optó por dejar a esta hija sin reconocer.

Como solía ocurrir con las criaturas expósitas de antaño, sus adoptantes no se cansaron la cabeza buscándole un nombre y comenzaron a referirse a ella como aquello a lo que su diseño les recordaba: ‘La patata’. Se dice que la denominación no gustó al creador pero, qué se le va a hacer, para cuando quiso opinar ya era demasiado tarde.

La obra artística lleva más de una década ocupando un lugar central y prominente en Amorebieta. Está plantada en un cruce, expuesta a los vientos que soplan en todas direcciones y también a un arduo litigio entablado entre el Ayuntamiento y el artista a cuenta de la intención de los responsables municipales de moverla a un lugar más discreto. El pleito acabó en el Supremo, que ha decidido que el desplazamiento de la escultura no supone detrimento para la obra artística.

Pero antes de que los tribunales dieran la razón al Ayuntamiento, el jurado popular ya había emitido su veredicto.  ‘La patata’ se ha convertido en algo querido en el pueblo. En una referencia en toda regla y no parece que la población esté por la labor de arrumbarla.

¿Cómo ha sido posible este cambio? Según la terapeuta familiar estadounidense Virginia Satir, la familiaridad es el instinto más fuerte del ser humano. Las personas evitamos tanto como podemos enfrentar lo desconocido. En esto se basa la machaconería de la publicidad.

¿Qué es lo que hace deseable un objeto de consumo? La costumbre. Eso es lo que afianza una marca y convierte en imprescindible a un objeto.

‘La patata’ es para Amorebieta algo tan insustituible como el refresco más conocido y anunciado en el mundo. Es para sus habitantes algo tan cotidiano como la ‘chispa de la vida’. Por eso ya no pueden ya vivir sin ella.

lunes, 11 de febrero de 2013

La naturaleza del liderazgo: ¿Eres tigre o búfalo?


Las personas que saben ejercer un verdadero liderazgo no se guían por sus intereses particulares sino por los de la comunidad. Son servidores que orientan sus capacidades al beneficio de la sociedad.

Este relato tomado de ‘Más magia de la metáfora’, de Nick Owen, opone dos maneras de hacer. Sólo una de ellas representa un verdadero liderazgo.

“Cuando murió el rajá de Sherpur, le sucedió su hijo como nuevo soberano. Bajo el mandato del padre el país había prosperado, venciendo enemigos, expandiéndose con la incorporación de nuevos territorios y creando nuevos lazos comerciales. Pero desde la subida al poder del hijo, las cosas habían dado un giro a peor. Por mucho que se esforzaba en hacer valer su autoridad, las nuevas tierras cayeron en desuso, el comercio disminuyó, los enemigos le acosaban y el pueblo comenzó a murmurar contra él. De modo que decidió pedir consejo al gran vidente y maestro, el gurú Siddhartaji.

El maharajá encontró al gurú cogiendo cortezas y hierbas medicinales en los jardines de su ashram. El joven le explicó su problema y aguardó la respuesta del gurú con expectación. Pero el sabio no dijo nada, sino que se limitó a hacerle señas al joven para que le siguiera.

Caminaron a paso rápido hasta llegar a las afueras de la ciudad y en un bazar al otro lado de las murallas contrataron los servicios de un mahout, un guía de elefantes.

Los tres hombres y el elefante se adentraron en la jungla y al poco dieron con el rastro del tigre. Durante tres días siguieron al animal observando sus hábitos, rituales, matanzas, banquetes y escarceos amorosos. Para cada uno de los hombres fue una auténtica lección de poder, astucia, sigilo y arrogancia.

Al cuarto día, regresaron a la ciudad. Tan pronto como bajaron del elefante, Siddhartaji llevó al rajá por un camino hasta llegar a los campos de arroz: “Prestad mucha atención al búfalo de agua”, le sugirió al joven.

A lo largo del día los dos hombres permanecieron sentados fabo un ficus benghalensis contemplando al búfalo de agua deambulando laboriosamente por los arrozales. Observaron la facilidad con la que las enormes bestias tiraban del arado, removían el suelo y liberaban la fecundidad de la tierra. Advirtieron de qué buen grado cada uno de los búfalos se sometía a su yugo y ponía sus fuerzas a disposición de aquellos a quienes servía.

Al atardecer, a medida de que el sol se iba poniendo, el gurú se volvió al joven rajá y le dijo: “Reflexionad sobre el tigre y el búfalo de agua. ¿Qué habéis aprendido acerca del liderazgo? ¿Por qué no podeis hacer lo mismo que hizo vuestro padre? ¿Por qué os resulta tan difícil influir en vuestro pueblo y ejercer la autoridad sobre vuestros territorios?”

Pero el joven estaba perdido. Miraba fijamente al suelo y decía: “Maestro, tened piedad de mí. Habladme con un lenguaje que yo pueda comprender pues no dispongo de medios que me permitan extraer sentido alguno de vuestra enseñanza. ¿Qué es lo que quereis que aprenda?”

“Considerad”, respondió el gurú serenamente, “las cualidades del tigre. Es dinámico y vital, arrogante y feroz, poderoso y exigente. Como buen depredador, no perdona nada; destruye y arrasa todo lo que se interpone en su camino. Piensa únicamente en sí mismo y en sus propias necesidades. Está absolutamente concentrado en satisfacer sus deseos personales. ¿Existe algo que se pueda oponer a su hambre y apetito ilimitados?”

“Por otro lado, pensad en el búfalo de agua. Es paciente y confiado. Pone su gran fuerza y energía al servicio de la comunidad. Se satisface con poco y no pretende vivir a costa del empobrecimiento ni de la capitulación de los demás. Procede pausadamente y sin prisas, y sin embargo siempre saca adelante su labor”.

“El verdadero líder no se parece al tigre sino al búfalo de agua. Del mismo modo que el búfalo de agua redistribuye el suelo y el agua, nutriendo a la tierra y a las gentes por igual, el gran líder sirve, socorre y contribuye al desarrollo de sus gentes y de sus tierras”.

“Quienes se ganan el afecto de su pueblo y generan prosperidad no son dogmáticos ni egoístas, ni lo arrasan todo como el tigre, sino que son benévolos, profundos, humildes y dadores de vida como el búfalo. Estos son los líderes que se ganan el afecto del pueblo y le mueven a generar prosperidad”.

lunes, 4 de febrero de 2013

Metástasis e incongruencia


Lo que está pasando con la política recuerda a un organismo atrapado por una metástasis. El mal afecta a todo el sistema por mucho que algunos de sus componentes se libren de la corrupción. En honor de estxs últimxs se quiere combatir la desconfianza generalizada insistiendo en que hay políticxs honradxs y vocacionales. Sin duda. Pero las organizaciones en las que se desenvuelven, sean las instituciones o las propias estructuras partidarias, están bajo sospecha y eso les incumbe a todxs en tanto que piezas de esos engranajes.

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