Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

jueves, 29 de noviembre de 2012

Las creencias nos ocultan la realidad




Las creencias son aquello de lo que las personas estamos seguras a la hora de construir nuestra visión de la realidad sea o no verdadero lo que creemos. Si para nosotras o nosotros algo es cierto, entonces es tan real como nuestro propio yo. 

Es algo de lo que estamos convencidas y que no nos cuestionamos. Las creencias limitantes son el principal obstáculo que se interpone entre nuestras intenciones y nuestros objetivos, sean éstos pequeños o grandes.

Este relato de Anthony de Mello muestra hasta qué punto permanecen arraigadas en nuestra mente y nos ocultan la realidad:

Un anciano observó con qué precisión, casi científica, se ponía a cantar su gallo, todos los días, justamente antes de que saliera el sol, llegando a la conclusión de que era el canto de su gallo el que hacía que el sol saliera.
Por eso, cuando se le murió el gallo, se apresuró a reemplazarlo por otro, no fuera a ser que a la mañana siguiente no saliera el astro rey.

   Un día el viejo riñó con sus vecinos y se trasladó a vivir, con su hermano, a unas cuantas millas de la aldea.

   Cuando, al día siguiente, el gallo se puso a cantar, y un poco más tarde comenzó a salir el sol por el horizonte, se reafirmó en lo que durante tanto tiempo había sabido: ahora, el sol salía donde él estaba, mientras que la aldea quedaba a oscuras. ¡Ellos se lo habían buscado!

   Lo único que siempre le extrañó fue que sus antiguos vecinos no acudieran jamás a pedirle que regresara a la aldea con su gallo. Pero lo atribuyó a la testarudez y estupidez de aquellos ignorantes. 

Nota: originalmente el cuento se titula ‘La anciana y su gallo’ pero he invertido los sexos para mostrar mi desacuerdo porque los sabios en estos relatos siempre sean varones y se ponga a un mujer como ejemplo de cortedad de miras.




lunes, 26 de noviembre de 2012

Lo que creemos enmarca nuestra visión del mundo




En coaching se maneja mucho la herramienta de cambio de creencias, pero hay personas que se preguntan qué son las creencias.

Son lo que tenemos por cierto. Lo expresamos por medio de una proposición lógica y un enunciado lingüístico. Es decir, es una frase cuyo contenido no nos cuestionamos.

Las creencias afectan a la percepción que tenemos las personas de nosotras mismas, del resto de la gente y del mundo.  Y a su vez derivan del ambiente que nos rodea. Para ser “como el resto” tenemos que compartir las creencias generalizadas. Y si, por el contrario, deseamos ser distintas tenemos que pensar de forma original. 

En general, ni nos damos cuenta de que las llevamos encima. Una buena metáfora, aunque no muy original, sería: son unas gafas. Y efectivamente son las gafas con las que contemplamos el mundo.

Muchas de nuestras creencias son inconscientes. Pensamos que las cosas son así, siempre han sido así y siempre serán así. Que no tienen vuelta de hoja.

Naturalmente, esta forma de pensar limita nuestra visión de la vida, la encierra en un marco demasiado estrecho. Si con el lenguaje damos sentido al mundo, imaginemos qué visión, qué oportunidades pueden ofrecernos unas creencias supuestamente inmutables.

En relación a lo que pensamos y nos decimos a nosotras mismas existen creencias potenciadoras (nos impulsan) y limitantes (nos frenan)
 
Ejemplos de las primeras: “Puedo hacerlo”, “Tengo fuerza y capacidad suficiente”, “Otras personas no lo han conseguido, pero yo sí”. Este tipo de pensamientos son imprescindibles para conseguir objetivos elevados en cualquier terreno.

Creencias limitantes: “Fracasaré”, “Siempre me pongo nerviosa” (¿Siempre, de verdad?), “Los hijos e hijas necesitan a sus madres”, “No encontraré trabajo”...

El coaching y las técnicas de Programación Neurolingüística disponen de instrumentos eficaces para vigorizar las creencias potenciadoras y reemplazarlas por las limitantes.


miércoles, 21 de noviembre de 2012

¿Cabeza o corazón? ¡Ambos!


Cuando nuestro corazón tiene un objetivo, no dejemos de perseguirlo. Menos aún cuando su latir nos proporcione energía suficiente para superar los obstáculos. La brújula del corazón tiene tanta importancia como la de la razón, aunque nuestra cultura haya sacralizado el pensamiento arrumbando la emoción. La verdadera sabiduría procede del corazón mediado por el intelecto.

Una historia extraída de ‘La oración de la rana’ de Anthony de Mello:

Un anciano peregrino recorría su camino hacia las montañas del Himalaya en lo más crudo del invierno. De pronto, se puso a llover.
Un posadero le preguntó: “¿Cómo has conseguido llegar hasta aquí con este tiempo de perros, buen hombre?”
Y el anciano respondió alegremente: “Mi corazón llegó primero y al resto de mí le ha sido fácil seguirle”.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Jóvenes, perseguid vuestros sueños





¿Qué es mejor para una persona joven que tiene (por ley biológica) toda la vida por delante: dedicarse a lo que ella desea o más bien a lo que otras personas quieren o creen que debe hacer?

Para mí, la respuesta cae por su propio peso. Pero no debe ser tan evidente. El periódico local durangon.com entrevistaba este fin de semana a Idoia Bediaga, abadiñarra de 18 años que quiere ser cantante. Y, al parecer, lo anhela con todas sus fuerzas.

Actualmente participa en un programa de ETB. En la entrevista confesaba que los nervios de los ensayos y las actuaciones le habían llevado a repetir curso, pero aseguraba que seguiría adelante con sus estudios y que el próximo año se matricularía en Bellas Artes.

No faltó quien en los comentarios y desde el anonimato la descalificaba como intérprete y la acusaba de pretenciosa, recomendándole que se dejara de fantasías, descendiera a la realidad y se dedicara a sacar los estudios adelante.

No entraré en la actitud de esta persona: que cada cual saque sus propias conclusiones. Pero sí quiero decir algo sobre los deseos y la actitud de la joven.

Si hay algo difícil en esta vida es saber qué queremos y para qué estamos especialmente dotadas las personas.

Porque hay siempre algo que se nos da mejor que otras cosas. Y a veces lleva media vida saberlo. Por los miedos propios y ajenos, las presiones familiares y sociales, la escasez de medios económicos, la falta de seguridad en una/uno misma/o… Nos influyen multitud de factores.

Una vez determinado qué queremos (cada quién, no quienes nos rodean, y repito que es difícil) hay que concentrar toda la energía en conseguirlo. Y es precisamente en la juventud cuando la fuerza vital e intelectual alcanza sus máximos.

El cerebro opera textualmente y si recibe órdenes claras lo dispone todo en consecuencia. Emociones y razón se alienan en pos del objetivo. Cuando hay dudas o confusión, el resultado es el estancamiento. Creamos la realidad con nuestro pensamiento.

Así que, por favor, jóvenes que tengáis clara vuestra vocación, sea la que sea: no os dejéis desanimar por quienes se acomodan en la mediocridad y el conformismo. Tiempo tendréis de ello.

Perseguid vuestros sueños por imposibles que parezcan. Pero, ¡ojo!, Tampoco os olvidéis de pensar ‘con cabeza’ y criterio. Y si contais con alguien que os apoya, teneis un tesoro.