Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

miércoles, 31 de octubre de 2012

Si la responsabilidad es de todo un grupo ¿no es de nadie?



Desde nuestra lógica habitual pensamos que la responsabilidad individual es imprescindible para que las cosas funcionen. Cuando se produce un fallo, se busca un (a) cabeza de turco, se le amonesta y se cree que el problema está resuelto.

Pero esto no funciona así. Los grupos humanos (la familia u otras formas de organización) son eso mismo: grupos, organismos cuyas partes están en continua interdependencia y retroalimentación mutua. Cuando falla un componente hay que revisar todo el sistema.

Como muestra, este relato extraído del libro ‘Más magia de la metáfora’, de Nick Owen:

Una representante de una empresa venida desde la central de Seattle (EE UU) tenía sus dudas respecto de cómo manejar este caso. Era bastante grave. Una de las trabajadoras japonesas de la cadena de la fábrica había insertado equivocadamente un componente. A consecuencia de ello, la serie entera había quedado inutilizada. La empresa tendría que desembolsar una gran cantidad de dinero para arreglar el desaguisado.
   La especialista preguntó al empresario japonés si habían logrado identificar a la persona responsable y qué medidas se pensaban tomar contra ella. Fue una verdadera sorpresa el oírle afirmar que no lo sabía. “El equipo entero de trabajadores ha asumido la responsabilidad”, respondió. “Ellos no me han dicho quién fue y yo tampoco se lo he preguntado a nadie. Ni tan siquiera lo sabe su supervisor,  y en el caso de saberlo no me lo diría”.
   “Pero –dijo absolutamente asombrada la especialista- si todo el mundo es responsable, entonces en realidad nadie lo es. Se están encubriendo unos a otros para ocultar la baja calidad de su trabajo”.
   “No es así como lo vemos nosotros”. El empresario japonés era educado pero firme. “Al parecer, la mujer en cuestión estaba tan avergonzada que se fue a su casa. Ofreció la posibilidad de despedirse voluntariamente. Algunos de sus compañeros tuvieron que convencerla para que volviera. El grupo sabe que fue responsabilidad de ella y ella tiene la sensación de haberles fallado. El grupo también es consciente de que ella lleva poco tiempo trabajando aquí. Dicen que no la ayudaron lo suficiente o no le dieron el conveniente apoyo práctico sobre la marcha, o no se aseguraron de que estuviera lo bastante formada. Esta es la razón por la que el grupo entero insiste en que lo lamentan profundamente. Aquí tengo la carta que me han escrito. También dicen que están dispuestos a disculparse públicamente ante usted, si ello fuera preciso”.

lunes, 29 de octubre de 2012

“Mi hijo sólo se porta mal... en casa”


Una madre se manifestaba recientemente preocupada porque su hijo mostraba un comportamiento conflictivo en la familia, a diferencia de otros ambientes, tales como la casa de sus abuelos o el colegio.

¿Y qué remedio aplicaban a sus rabietas? Grito y castigo. Un día sí y otro también. Pero no sólo. Combinaban los correctivos con cariño y atención porque el niño en general tiene buen carácter.

En mi opinión, salta a la vista que el “problema” no es del niño, por lo que el castigo y los gritos constituyen un tormento gratuito (disculpadme la crudeza, pero no puedo verlo de otra manera).

En relación a este asunto quisiera destacar un par de aspectos relacionados con el pensamiento y la comunicación:

  • La familia no es un engranaje compuesto por piezas, en la que se repara una parte defectuosa para que funcione el todo y listo. Cualquier grupo humano es un sistema formado por componentes interrelacionados entre sí y que se retroalimentan mutuamente. Cuando la familia encuentra que tiene un problema, el problema es de todos sus componentes y esto no es una frase hecha sino una realidad. Todos interactúan unos sobre otros. En el caso que describo esto aparece más claro aún ya que el niño no tiene ningún problema en otros espacios. Y si los conflictos suceden sólo en la escuela se puede decir lo mismo: algo pasa en la escuela.

De modo que si encuentras problemas de relación en cualquier contexto aquí tienes estos dos desafíos.

jueves, 25 de octubre de 2012

Microrrelato: ‘Cortex Woman’



'Cortex Man', 'Cortex Woman'

Miraban a su hija con la lente deformada de sus ojos adultos y la trataban como a una descerebrada. Para él y para ella, que se enorgullecían de haberla creado, en el fondo era como cualquier otro objeto de su propiedad: el jarrón de porcelana que habían adquirido en el transcurso del circuito ‘China Milenaria’  o el último modelo de berlina. La ‘colocaban’ aquí y allá. La ‘tuneaban’ al gusto de moda más ‘fashion’.

Pero ella tenía vida propia. Una existencia oculta y herida. Si hubieran tenido tiempo para detenerse a observarla se habrían dado cuenta de que era como esos ‘Cortex Man’ que reflejan en sus zonas hipertrofiadas el número de terminaciones nerviosas de las distintas partes del cuerpo, sólo que en versión femenina: una ‘Cortex Woman’. Y la habrían visto como lo que es, una bloque de absorbente arcilla que a lo largo de su modelado va adquiriendo vida propia.

Mientras uno y otra decían una cosa y obraban otra, ella les observaba atentamente y su aparato sensible iba registrando aquellas acciones incongruentes que la programarían para funcionar como un robot el resto de su vida. Una autómata con el mismo sistema operativo que su madre y su padre.

Autora: Mertxe Arratibel

Nota: Si alguna persona se siente desesperanzada al leer esto, decirle que cualquier momento es el adecuado para cambiar. Todo lo aprendido es susceptible de ‘desaprenderse’ para sustituirlo por nuevas y más nutritivas opciones.

martes, 23 de octubre de 2012

“No te preocupes por que tus hijos e hijas no te escuchen…”




Esta reflexión procede de una cuestión que formulaba una de las participantes en los talleres de coaching feminista que estoy impartiendo. La mujer se mostraba preocupada porque, tras los cambios sociales y culturales que favorecen la igualdad y con programas de educación específicos en las escuelas, la adolescencia y la juventud no logran deshacerse de los patrones machistas, es más parece que se refuerzan en esas etapas. Y se preguntaba: ¿Qué estamos haciendo mal?

No es sencillo explicar esto en poco espacio, pero ahí van unas pinceladas. El patriarcado tiene una vigencia de miles de años y es universal. Romper con esto no es sólo una cuestión de voluntad, sino de tiempo, de tenacidad y, como dicen las especialistas, de “deconstruir” modelos desfasados. Llevamos inscritos en el ADN sus mandatos desde generaciones y generaciones atrás. Y los niños y niñas van “mamando” los “estereotipos” de la masculinidad y la feminidad desde la infancia, en la escuela, en la calle y en casa.

Las mujeres hemos conquistado muchos espacios pero todavía estamos muy lejos de ocupar los lugares de poder. Por ejemplo, y ya que nos referíamos a la educación formal, es cierto que hay muchas profesoras, pero ¿cuántas mujeres encontramos decidiendo la composición de los currículos escolares? El ‘techo de cristal’ existe porque nos lo imponen, pero también porque nosotras damos prioridad a la vida familiar u otros aspectos.

Luego, en casa, por muy modernas o modernos que creamos ser, seguimos repitiendo esquemas, más o menos reciclados, de forma consciente o inconscientemente. Y los niños y las niñas son especialistas en “leer el inconsciente". Por eso no se les escapa ninguna contradicción. Y refuerzan esta habilidad porque se pasan la vida observando lo que hacemos, mientras nosotras, envueltas en la vorágine del estrés, no nos damos cuenta de ello. Y, querámoslo o no, somos el modelo en el cual se miran.

Arriba, en la foto, va una frase (inquietante) para la reflexión:

“No te preocupes por que tus hijos/as no te escuchen… te observan todo el día".

jueves, 18 de octubre de 2012

La vida se nos va durmiendo y penando



Si de todos los años de nuestra vida sólo vivimos en pleno vigor y energía un quinto o un décimo del total, y si de esa pequeña parte nos pasamos todo el tiempo afanándonos en ser algo distinto a lo que somos, ¿cuándo descubriremos quiénes somos?

Una lección de matemática china extraída de ‘La importancia de vivir’, de Lin Yutang:

 “Ch’iufu me decía a menudo: ‘La vida del hombre (también de la mujer) sólo dura cien años, y de ese centenar se pasa la mitad en dormir y soñar, los días de enfermedad y de pesares ocupan la mitad, y los días de pañales y de ancianidad ocupan también la mitad. Lo que nos queda es una décima o una quinta parte. Además, quienes estamos hechos del material de los sauces no hemos de esperar que viviremos un centenar de años”.

miércoles, 17 de octubre de 2012

El cuento de la 'superwoman'




Si hay un estereotipo que hoy hace daño a las mujeres jóvenes, profesionales que viven en pareja y con hijos e hijas ése es el de la ‘superwoman’, la mujer que puede con todo, con el trabajo remunerado y el del hogar y encima está siempre estupenda y lista para gustar y agradar.

El sistema siempre ha buscado la forma de que las mujeres estén atadas a lo que se supone que es su “lugar natural”, el hogar. Pero resulta que un buen día nos empeñamos en estudiar y trabajar.  Todas a la vez, como si se tratase de una conspiración. Y no en trabajos cualesquiera, sino en tareas que bien merecen invertir en ellos ocho horas diarias, pues nos proporcionan dinero, autoestima y autonomía (no necesariamente por ese orden). Entonces ya no era posible convencernos de que lo mejor para nosotras era quedarnos en casa a cuidar de la prole, que por lógica se fue reduciendo en número.

Nosotras deseábamos ser libres y comprendíamos que eso era lo mejor, alentadas además por nuestras madres que, escarmentadas en cabeza propia, no querían que sus hijas corrieran su misma suerte.

Entonces hubo que inventarse otras ataduras. Y llegó la hipoteca de la belleza y el cuerpo perfecto. Y así mientras las mujeres se entretenían en moldear sus presuntas imperfecciones ya no tenían tiempo para mucho más: la casa, la profesión y el gimnasio (y a hacerlo todo “de diez”) absorbían todo su tiempo. Y otra vez se nos privó de la oportunidad de ocuparnos de nuestros intereses. No tenemos ni un minuto para pensar en nosotras mismas, en nuestros deseos, anhelos, prioridades… en nuestra propia vida. Hoy como ayer la seguimos viviendo para quienes nos rodean.

Misión cumplida debieron de pensar los oscuros estrategas de este complot, que son tan anónimos como “los mercados” pero que consiguen la misma eficacia a la hora de secuestrar libertades.

Y de este modo, muchas mujeres vivimos esclavas de una supuesta perfección que no existe y ni siquiera es deseable. Porque nada que nos haga sufrir merece la pena. Una frase atribuida a Buda dice: “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”.

¿Quieres dejar de ser una ‘superwoman’? Elige el bienestar y rechaza el sufrimiento. ¿Cómo hacerlo?  Dice un proverbio chino: “Un viaje de mil leguas comienza con el primer paso”. La búsqueda del bienestar es una carrera de fondo. Lo primero que hay que hacer es definir qué es bienestar para mí y después emprender una pequeña acción que nos encamine hacia él, seguida de otra y otra y otra y otra…
(La foto muestra un anuncio real)