Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

jueves, 31 de mayo de 2012

Cuanto más mejoramos mejor compañía nos procuramos



El proceso de coaching es una de las mejores inversiones en estos tiempos inciertos. La búsqueda de la excelencia y la mejora personal ayuda a pulir nuestras aristas y enriquece nuestros tesoros interiores.

Nuestra propia persona es lo único con lo que podemos contar y es además quien nos acompaña durante toda la vida ¿De quién nos gustaría rodearnos? Ese es el tipo de persona en quien deberíamos convertirnos para sentirnos a gusto en nuestra piel.

Pero cualquier cambio en la vida pasa por una profunda transformación interna para que sea auténtico. Pero eso requiere esfuerzo y persistencia, y a veces mucho valor para cruzar el desierto interior. La ventaja es que no tiene desventajas y el esfuerzo siempre obtiene recompensa.

Os dejo este precioso cuento: La decisión de Bastián


 
Cuenta una sabia leyenda chilena que había un joven comerciante llamado Bastián, cuyos negocios lo obligaban a viajar con frecuencia entre los pueblos de Antofagasta y Calama. Normalmente, él viajaba tomando la ruta que bordeaba la costa, lo que le permitía recorrer la mayor parte del viaje acompañado por la brisa del mar, pero en esta ocasión Bastián tenía que llegar a Calama lo más pronto posible para cerrar un importante negocio, de modo que decidió tomar el camino más corto a través del desierto de Atacama.
    El Desierto de Atacama es el desierto más árido de todo el planeta. En su zona central se han registrado periodos de 400 años sin lluvia y muy pocos se atreven a correr el riesgo de cruzarlo. No obstante, el joven dio de beber a su caballo, llenó sus talegas y emprendió la ruta.
Varias horas después de partir, empezó a levantarse el viento del desierto. Bastián refunfuñó para sus adentros y apuró el paso. Pero de repente se detuvo sorprendido. A unos cien metros delante de él se levantaba un gigantesco tornado. Había oído hablar sobre los tornados de la temporada de vientos, pero nunca había visto uno. El remolino era enorme y arrojaba a su alrededor una extraña luz azul que hasta teñía el color de la arena. El comerciante dudó entre dar un largo rodeo para evitarlo o correr el riesgo de adentrarse en él. Tenía mucha prisa, el negocio era muy suculento, no disponía de tiempo para tomar el camino más largo, así que se tapó la cabeza con su poncho, se ciñó bien su chupalla y siguió avanzando.
    Para su sorpresa, en el momento en que penetró en la tormenta todo se volvió mucho más calmo. La ventisca ya no azotaba con tanta fuerza. Se sintió satisfecho de haber vencido su miedo y decidirse por aquel camino. Pero al poco rato, se vio obligado a detenerse otra vez. Un poco más adelante, un hombre yacía tirado sobre el suelo junto a su vieja montura. Bastián desmontó de inmediato. El anciano, al sentir al joven abrió los ojos, le miró con atención y dijo:
   -Eres... tú?
Bastián pensó, que el sol del desierto había aturdido al pobre hombre, y no le dio más importancia a sus palabras, ya que no le conocía de nada: “Tranquilo, ya no está solo”.
    
-¿A dónde se dirige? – pregunto el joven con una mirada amable.
    -A Antofagasta -susurró el viejo- pero no tengo más agua.
Bastián se quedó pensativo. Sin duda, podía compartir un poco de su agua con el anciano, pero si lo hacía, se arriesgaba a quedarse sin agua él mismo. Sin embargo, no podía dejarlo así. No se puede dejar morir a un hombre sin echar una mirada atrás.
"¡Una vida humana vale mucho más que un buen negocio!", se dijo a sí mismo. Ayudó al viejo a tomar un poco de agua, le dio una de sus cantimploras y después lo ayudó a montar en su caballo.
   -Siga derecho por ese camino -le dijo amablemente Bastián mientras señalaba con el dedo- y en menos de tres horas estará en Antofagasta.
 El anciano hizo una señal de agradecimiento con las manos y, antes de irse, miró fija y cariñosamente al joven mientras le dijo:
   -Algún día el desierto te recompensará. Y galopando a toda velocidad se alejó por el camino. Bastián tuvo que dar un largo rodeo para conseguir agua, y por ello perdió su negocio, pero una sonrisa de satisfacción le acompañó todo el camino.

Pasó el tiempo. Treinta años después, Bastián se había convertido en un importante comerciante. Un día, mientras vendía sombreros en la plaza del mercado de Calama, se enteró de que su hijo estaba enfermo de gravedad. Era urgente que fuera a verlo de inmediato. Bastián no vaciló. Recordó el atajo a través del desierto que había tomado treinta años atrás. Dio agua a su caballo, llenó sus cantimploras y partió.
    A lo largo del camino libró una batalla contra el tiempo, espoleando sin cesar a su caballo. No se detuvo ni disminuyó la marcha mientras bebía agua, con tan mala suerte que la cantimplora se le cayó al suelo y el agua desapareció en la arena. Bastián gritó enfadado ¡Con una sola cantimplora era imposible cruzar el desierto! Pero al pensar en su hijo, el viejo se obligó a seguir adelante.
    El sol del desierto de Atacama es despiadado. Le importa poco por qué o para qué un hombre trata de desafiar sus rayos; arde inexorablemente siempre con la misma fuerza y vehemencia. Bastián pronto comprendió que había cometido un gran error. Se le resecó la lengua y la piel le quemaba. Las cantimploras restantes ya estaban vacías. Y ahora, para su desazón, vio que empezaba una tormenta de arena delante suyo. Bastián se envolvió la cabeza con su poncho, cerró los ojos y dejó que el caballo lo llevara adelante, hasta que inconsciente cayó al suelo.
    Al cabo de un tiempo, un ruido le despertó. Un hombre montado a caballo se dirigía hacia él. Pero cuanto más se acercaba el hombre, tanto más la alegría de Bastián se convertía en estupefacción. Este hombre que ahora desmontaba de su caballo... ¡Lo conocía! Reconoció su rostro juvenil, sus ropas... ¡y hasta el azabache que montaba! Un caballo que él mismo había comprado a un viejo huaso por dos sacos de trigo muchos años antes. Bastián estaba seguro: ¡El joven que venía a ayudarlo era él mismo!¡Era el mismo Bastián tal como era treinta años antes!
    -¿Eres... tú?, balbuceó desde el suelo el viejo Bastián.
El joven, con una mirada sincera y llena de amabilidad, le contestó: “Tranquilo, ya no está solo”.

lunes, 28 de mayo de 2012

Coaching, ¿Qué coaching?

Creo que hay tantas clases de coaching como profesionales lo practican, según leo en los foros específicos. Y tantos malentendidos sobre su fundamento como personas que oyen hablar de él, de acuerdo a la impresión que me transmite la clientela potencial. No sé si ambas cosas tienen relación.

Respecto a la variedad de métodos, constato a veces una pelea entre tendencias. Hay profesionales como muy puristas que dicen que practican el coaching a secas, libre de cualquier otro calificativo y atributo. Pero a continuación te hablan de elevación del ser etc., con lo cual es evidente que se contradicen.

Voy a atreverme a hacer mi particular aportación a este debate. Pienso que se ha "colado" mucho "pensamiento positivo" o mágico en este mundillo. Me refiero a esas personas que te dicen que todo es guay si te lo propones y te mentalizas de ello.

No me cabe ninguna duda de que buena parte de nuestro bienestar se basa en lo que nos decimos o en si elegimos o no ser felices. De que la vida adquiere otra dimensión si pintamos de colores nuestras imágenes en blanco y negro. O de que quien canta su mal espanta, como decía aquella famosa canción del Último de la Fila.

Por tanto, cualquier herramienta que sirva para sacar de paseo a nuestro niño/a interior (que es quien guarda nuestra reserva de felicidad) me parece perfecta. Pero siempre que se contraponga a esta actitud la verdad de nuestra condición adulta: no hay mejora personal, profesional o corporativa sin trabajo diario y continuado. Ni sin esfuerzo bien dirigido. Animar al personal está muy bien pero, ¿qué ocurre cuando se van a su casa o a su trabajo? Allí les espera de nuevo la cruda realidad.

El coaching, tal y como yo lo entiendo, es el acompañamiento que facilita a la persona la aproximación cuidadosa y serena a su realidad (no olvidemos que todo el mundo arrastra algún sufrimiento). Que le posibilita dar los pasos para el cambio en la dirección correcta dirigiéndose directamente hacia el objetivo en lugar de dispersarse en mil veleidades. Que le ofrece las herramientas adecuadas en cada momento para hacerlo a la medida de sus posibilidades y necesidades…

Lamentablemente, este planteamiento no parece tener demasiado éxito. Son pocas las personas dispuestas a gastar tiempo, energía y dinero en avanzar en la mejora personal, que es, a mi juicio, la única manera de aumentar el bienestar subjetivo. Lo normal es que el interés por el coaching se deba a que es "lo último", lo más "fashion". Pero cuando hay que escarbar un poco, adiós muy buenas.

Quizás tienen una idea mágica del coaching o quizás cierto coaching ha adoptado la imagen de "pensamiento positivo" porque no hay otra forma de atraer al personal. Puede que sean aspectos que se retroalimentan.

(Publicado en la revista You Coach!)

miércoles, 23 de mayo de 2012

Cuando busques, mejor mira en el lugar adecuado



Sobre mi relato acerca del cambio de vida que me llevó a dejar un trabajo fijo y bien remunerado pero poco satisfactorio, una persona comentaba que hay que echarle valor. Sí, desde luego. Pero lo que, sobre todo, hay que tener son las ideas muy claras. Y, como le decía en mi respuesta a su comentario, cambiar creencias. Dejar de mirar en los lugares acostumbrados para adentrarse en territorios nuevos e inhóspitos, como muestra este relato sufí que tiene como protagonista a ese antihéroe que es Nasrudín.


Muy tarde por la noche Nasrudín se encuentra dando vueltas alrededor de una farola, mirando hacia abajo. Pasa por allí un vecino.
   -¿Qué estás haciendo Nasrudín, has perdido alguna cosa?- le pregunta.
   -Sí, estoy buscando mi llave.
El vecino se queda con él para ayudarle a buscar. Después de un rato, pasa una vecina.
   -¿Qué estáis haciendo? -les pregunta.
   -Estamos buscando la llave de Nasrudín.
Ella también quiere ayudarlos y se pone a buscar.
Luego, otro vecino se une a ellos. Juntos buscan y buscan y buscan. Habiendo buscado durante un largo rato acaban por cansarse.
Un vecino pregunta:
   -Nasrudín, hemos buscado tu llave durante mucho tiempo, ¿estás seguro de haberla perdido en este lugar?
   -No -dice Nasrudín.
   -¿Dónde la perdiste, pues?
   -Allí, en mi casa.
   -Entonces, ¿por qué la estamos buscando aquí?
   -Pues porque aquí hay más luz y mi casa está muy oscura.

lunes, 21 de mayo de 2012

Otra vida es posible



Acabo de mantener un diálogo en Facebook -breve como lo son en las redes sociales- sobre los motivos que me llevaron, hace ya casi dos años, a dejar un trabajo fijo y muy bien remunerado para lanzarme a la incertidumbre de un mundo nuevo y desconocido.

Cada quien tiene sus caminos y mi interlocutora, una mujer de mi edad (ella tiene 50 y yo los cumpliré en diciembre), que también ha cambiado de vida, me comentaba que su decisión había sido consecuencia de los muchos ‘palos’ que había ido recibiendo.

La mía fue larvándose durante muchos años, quince aproximadamente, con determinación suicida. La idea rondaba mi mente de forma casi permanente y a cada recorrido neuronal iba añadiendo pequeñas partículas de información que la modificaban o la completaban en algunos de sus aspectos. Puertas afuera de mi ámbito doméstico yo vivía mi vida casi tal cual. Con las rutinas y automatismos aparentes con que se viven casi todas las vidas. Nadie notaba nada.

No llamaba la atención en absoluto. Ni me quejaba de mi suerte –yo sabía perfectamente que mi suerte está en mis manos- ni de la penuria del trabajo y sus horarios –era consciente de que lo vivía así porque no disfrutaba de lo que hacía, pero también de que había otras opciones-. Y mucho menos protestaba por el sueldo –más que digno- que recibía puntualmente. De modo que parecía que estaba la mar de bien porque encima trataba de hacer las cosas lo mejor posible. Era lo justo, para eso me pagaban. Además, el trabajo bien hecho hasta donde me era posible era uno de mis pocos incentivos laborales en aquel entonces.
 
Pero nunca pude comprometerme emocionalmente con lo que me traía entre manos ni con el entorno profesional ni con la filosofía de la empresa. Eso, que te provoca un sentimiento de vacío y sinsentido, y el no tener tiempo suficiente para dedicar a lo que verdaderamente me importaba: mi familia, amistades, la oportunidad de dar lo mejor de mí a través de otras actividades para las que me faltaban tiempo y energías… era el problema.

Sé que hay mucha gente viviendo este tipo de vida. Y sufriendo como yo sufría y por las razones por las que sufría u otras parecidas. Hoy, día en que se acerca mi primer año de estreno de este blog, quiero decirles, deciros: hay vida más allá de donde estáis.

Se puede vivir perfectamente con bastante menos dinero y más tiempo para lo que nos importa. La vida no será después de esto de color de rosa. Nunca lo es. Pero al menos, no os arrepentiréis, cuando sintáis que ya es tarde, de no haber vivido suficiente, de no haber hecho lo suficiente, de no haber amado lo suficiente. Un beso y gracias a todos y todas las que me leéis de vez en cuando.

viernes, 18 de mayo de 2012

La rutina paraliza



Vivir encadenadas/os a nuestras rutinas puede acabar atrofiando nuestro cuerpo y nuestro cerebro como ocurre con el elefante de este cuento de Jorge Bucay. Por no hablar del entusiasmo, la motivación y las ilusiones. Cualquier cambio, por pequeño que sea, estimula nuestro cerebro, mejora la concentración y nos da vida ¡Cambia algo cada día!


Cuando yo era pequeño me encantaban los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales.

También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente:
  • ¿Qué lo mantiene entonces?
  • ¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia:

- Si esta amaestrado, ¿por qué lo encadenan?

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.

Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él.

Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree - pobre- que NO PUEDE.

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...


miércoles, 16 de mayo de 2012

Levántate a por todas cada mañana



La actitud lo es todo. Cómo afrontamos cada día depende de nuestra capacidad de automotivarnos. Y esta está relacionada directamente con las creencias acerca de nosotros/as mismas/os.
Quien dedique un poco de tiempo a la observación interna -y es muy conveniente reservar algo de tiempo para esto cada día- se dará cuenta de que sus mejores intenciones se ven truncadas por estados de falta de motivación, de confianza en las propias posibilidades.

La Programación Neurolingüística ofrece herramientas para conseguir estados internos poderosos. De alta motivación. Cambiando lo que tenemos en nuestra cabeza podemos pasar en poco tiempo de la apatía al optimismo. Pero como en esta vida no hay soluciones mágicas para nada, hay que practicar e insistir.

Como todas las personas llevamos una vida muy atareada voy a proponer algo sencillo: busca cada mañana algo que te levante el ánimo. Si estás de ‘bajón’ no escuches las noticias. Pon una canción de esas que te empujan a bailar. No dejes estas cosas para el fin de semana. Hazlas cada día. No cuesta nada porque además puedes compaginarlo con cualquier otra actividad. Practica mientras te desayunas, te vistes o te duchas.

Si tienes un poco más de tiempo, siéntate 5 o 10 minutos y piensa en alguna vez en la que te sentiste entusiasmada/o ¿Qué oíste, qué viste, qué sentiste…? Construye una película en tu mente sé la/el protagonista y vívela intensamente. Si no recuerdas ningún episodio de estas características puedes inventarlo. Imagina una situación en la que necesites motivación, crea tu personaje y métete en él a fondo.

Te dejo un vídeo de Ally McBeal en el que uno de los protagonistas reproduce una canción de Barry White en su cabeza cada vez que necesita meterse un chute de coraje. Puedes utilizar ésta o buscar la tuya y cantarla internamente cuando necesites sentirte poderosa/o.


jueves, 10 de mayo de 2012

Evita dar la bienvenida a las emociones perturbadoras




Para no sucumbir al autosabotaje, que es cualquier forma de autoagresión emocional, debemos saber reconocer que esas emociones perturbadoras no nos pertenecen y dejarlas ir. No es tarea fácil. Hace falta entrenarse en algún tipo de técnica de meditación o Mindfulness (atención plena). El vídeo de arriba muestra la forma de tomar conciencia de nuestras emociones y pensamientos a través del Mindfulness. Intenta practicar al menos una vez al día. El relato siguiente ilustra muy bien asimismo este tema.

Cuentan que un hombre sufría con gran frecuencia ataques de ira y cólera, así que decidió un día abordar esta situación. Para ello se fue al encuentro de un viejo sabio con fama de conocer la naturaleza humana. Cuando llegó a su presencia, habló de este modo:
   -Señor, quiero solicitar su ayuda, ya que tengo fuertes arranques de ira que están haciendo mi vida muy desgraciada. Yo sé que soy así, pero también sé que puedo cambiar si usted me aconseja.
   -Lo que me cuentas es muy interesante -dijo el anciano-. De todas maneras, para poder tratar bien tu problema es necesario que me muestres tu ira y así pueda saber de qué naturaleza es.
   -Pero ahora no tengo ira, señor -argumentó el hombre-.
   -Bien, contestó el anciano, lo que tendrás que hacer en este caso es que la próxima vez que la ira te invada, has de venir lo más de prisa posible a enseñármela.
El hombre iracundo se mostró de acuerdo y regresó a su casa. Pocos días después se encontró de nuevo con otro ataque de cólera y marchó rápidamente a ver al anciano. Sin embargo, ocurría que el viejo habitaba en lo más alto de una colina muy alejada. Cuando por fin alcanzó la cima, se presentó al sabio.
   -Señor, estoy aquí de nuevo como me dijiste.
   -Estupendo, muéstrame tu ira.
Pero al pobre hombre se le había pasado la ira durante la subida.
   -Es posible que no hayas venido lo suficientemente rápido. La próxima vez corre mucho más de prisa y así llegarás todavía con ira.
Pasados unos días, al hombre le asaltó otro fuerte ataque de cólera y recordando la recomendación del sabio comenzó a correr cuesta arriba todo lo rápido que pudo. Cuando media hora después llegó completamente agotado a la casa del viejo, éste le reprendió severamente.
   -Esto no puede continuar así, otra vez llegas sin ira. Creo que debes esforzarte aún más y tratar de subir la cuesta mucho más de prisa. De otro modo no voy a poder ayudarte.
El hombre marchó entristecido, jurándose a sí mismo que la próxima ocasión correría con todas sus fuerzas para llegar a tiempo a demostrar su ira.
Una y otra vez subía la cuesta y a cada ocasión llegaba más y más fatigado y desde luego sin un asomo de ira.
Un día llegó especialmente extenuado. El maestro, por fin, le dijo:
   -Creo que me has engañado. Si la ira formara parte di ti, podrías enseñármela. Has subido a mi casa veinte veces y nunca has sido capaz de mostrarla. Esa ira no te pertenece. No es tuya. Te atrapa en cualquier lugar y por cualquier motivo y luego te abandona. Por tanto, la solución es fácil: la próxima vez que quiera llegar a ti, no la recojas.


miércoles, 9 de mayo de 2012

Afrontar el autosabotaje


Ilustrador: Stefan Valent.
Nuestro/a peor enemigo/a no está fuera sino en nuestro interior. La mente es la potencia más poderosa de que disponemos para nuestro bienestar y para nuestra desgracia. Y puede jugarnos muy malas pasadas si funcionamos de una manera reactiva o automática. Aprender, pues, a ser consciente de lo que pasa por nuestra cabeza es importantísimo para motivarnos, avanzar y conseguir nuestros objetivos. En definitiva, para dejar de autosabotearnos.

Uno de los instrumentos más eficaces de nuestro/a enemigo/a interior es confundirse con nuestra propia voz. Somos criaturas paradójicas porque siendo quienes menos confiamos en nosotros/as mismas/os debido a esa voz interior que nos censura, al mismo tiempo concedemos máxima credibilidad a sus cantinelas. ¿Por qué? Porque no es tan familiar que nos pasa desapercibida como todo lo conocido. Eso le permite ir minando nuestra moral de forma casi inapreciable, gota a gota.

Las mujeres sufrimos especialmente esta situación dada nuestra proclividad a la autocrítica infundada. Y para cuando nos hacemos conscientes de esa voz que nos desafía estamos tan hartas/os de nosotras/os mismos/as que nuestra conciencia se subleva imponiéndose con violencia como cuando consideramos que alguien nos provoca. Y reaccionamos de forma imperativa cuando resulta que no nos gusta que nos den órdenes. Ni siquiera si lo hacemos con nosotras/os mismas/os.

Así, en un arrebato de furia nos proponemos, por ejemplo, estudiar más o perder algunos kilos y pretendemos coaccionarnos para conseguirlo. Y sabemos que no es la mejor forma de obtener las cosas. El ordeno y mando siempre ha demostrado escasa eficacia.

Veamos pues una forma positiva de responder a esa voz interior que nos desafía.

Cuando nos proponemos algo articulemos un objetivo dinámico y en positivo cambiando los verbos hasta encontrar la fórmula más motivadora y sugerente y buscando nuestro mejor volumen y tono… La melodía que nos resulte más agradable. Hazlo sola/o, en un sitio tranquilo, con plena conciencia y dando un paso hacia adelante cuando pronuncies cada frase. Verás que cambian las sensaciones cada vez.

Ejemplo:
Me gustaría adelgazar (o estudiar más o lo que sea)
Tengo que adelgazar (o estudiar más o …)
Debo adelgazar (o estudiar más o …)
Puedo adelgazar (o estudiar más o …)
Adelgazaré (o estudiaré más o…)

jueves, 3 de mayo de 2012

El hombre que no tenía camisa

 

La felicidad es una actitud ante la vida. Hay quien dice que se compone de momentos y que no es posible conservarla de forma permanente. No estoy de acuerdo. Ser feliz es una forma de ser, como lo muestra este cuento de Tolstoi, variación del relato antiguo ‘El hombre que no tenía camisa’ (y como lo exterioriza el protagonista del vídeo adjunto).
Estaba muy enfermo el zar y dijo:
   - ¡Daría la mitad de mi reino a quien me curase!

Entonces todos los sabios se reunieron para intentar dar una solución a sus males, pero no encontraban el medio.
Uno de ellos, sin embargo, declaró que sabía cómo curar al zar.
   - Si se encuentra un hombre feliz sobre la tierra -dijo-, que le quiten su camisa y se la pongan al zar. Entonces quedará curado.
El zar mandó buscar un hombre feliz por todo el mundo. Los enviados del soberano recorrieron todos los países, pero no hallaron lo que buscaban. No encontraron un solo hombre que estuviera contento con su suerte.

El uno era rico, pero enfermo; el otro estaba sano, pero era pobre; aquel rico y sano se quejaba de su mujer; éste de sus hijos: todos deseaban algo más y no eran felices. 
Un día el hijo del zar, que pasaba por delante de una pobre choza, oyó que en su interior alguien exclamaba:
   - Gracias a Dios he trabajado y he comido bien. Soy feliz, ¿qué más puedo desear?
El hijo del zar se sintió lleno de alegría e inmediatamente mando por la camisa de aquel hombre, a cambio de todo cuanto quisiera.
Los enviados se presentaron a toda prisa en la choza del hombre feliz para quitarle la camisa; pero el hombre era tan pobre que no tenía camisa.

martes, 1 de mayo de 2012

Cómo ser feliz y no morir en el intento


No se sabe si porque las profecías apocalípticas pronosticaban el fin del mundo para el 12-12-2012, el caso es que cada vez soy testigo de más casos de gente que decide liarse la manta a la cabeza y dejar todo lo que hasta ese momento había de estable (o de más sólido) en su vida en pos de la búsqueda de una felicidad… incierta.

El último episodio llamativo lo he conocido a través del periódico. Cuenta la prensa que dos jóvenes de 29 años de Mijas (Málaga) han dejado sus trabajos seguros, han vendido todas sus pertenencias, se han comprado una autocaravana y se han embarcado en una vuelta al mundo con sus dos hijos pequeños que durará, en principio, tres años ¿Y a la vuelta, qué?

En mi opinión, al margen de lo enriquecedora que pueda resultar una experiencia de este tipo (y lo es), una decisión tal se parece (guardando las distancias) a la de quien se gasta todo el dinero que ha ahorrado durante años porque -¡qué carajo!- sólo se vive una vez.

El caso es que no se puede vivir toda la vida dilapidando ni viajando… Ni de ninguna otra manera que nos dé la sensación de estar permanentemente en la cresta de la ola. Porque antes o después llegará el valle. La existencia es cíclica.

Noticias de este tipo son el fiel reflejo del vacío existencial que vivimos en nuestra época, a falta de algo sólido que dé respuesta a nuestras inquietudes y anhelos más profundos. Se aspira a la felicidad y se desconoce cómo alcanzarla sin morir en el intento.

¿Y qué es la felicidad? Para mí, es un estado subjetivo de bienestar en el que percibimos por todos los medios posibles que caminamos con rumbo, y que estamos respondiendo a lo que esperamos de nosotros/as mismo/as, dando cauce a nuestras más íntimas aspiraciones.

Pero para eso no hace falta transformar nuestra vida exteriormente, que es lo que muchas personas deciden porque, simplemente, desconocen qué otra cosa hacer. Existe una fórmula de felicidad para cada persona, pero para desentrañarla se requiere un proceso serio de reflexión y un trabajo interior bien dirigido. Y en este empeño no sirven las recetas universales, aunque ayudan y mucho. Porque el camino de cada quien es propio, personal e intransferible. Y cuando se da con la clave, el bienestar permanece a pesar de las circunstancias exteriores.