Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

jueves, 26 de abril de 2012

Después de la tormenta, la calma


Las turbulencias emocionales y de la mente nos impiden percibir con claridad y valorar la realidad de la forma más adecuada. Una solución es sentarse tranquilamente y observar lo que ocurre en nuestro cuerpo y nuestra imaginación. Esperando pacientes, regresará la calma y lo veremos todo de otra forma. La vida se compone de momentos que se suceden. Nada permanece, todo pasa. A la tormenta siempre le sucede la calma. Lo muestra el siguiente relato (en vídeo, arriba).


Un día Sidartha estaba atravesando un bosque, era un caluroso día de verano.
Sediento le dijo a su primo y discípulo Ananda:

-Hace algo más de una hora que cruzamos un arroyo. Por favor, toma mi cuenco y tráeme un poco de agua. Me siento muy cansado.


Así lo hizo Ananda, pero cuando llegó al arroyo lo acababan de atravesar varios carros de bueyes, que habían removido las hojas muertas y el cieno y lo habían convertido en un lodazal. El agua estaba tan sucia que Ananda tuvo que volver con el cuenco vacío.


Entonces le dijo a Sidartha:


-Más adelante hay un gran río. Te traeré agua de allí…


Pero el Buda insistió:


-Vuelve atrás y tráeme el agua de aquel arroyo.


Cuando Ananda, perplejo pero obediente se puso en marcha, Buda le dijo:


-Si el agua está muy sucia, no vuelvas inmediatamente. No hagas nada, sólo siéntate en silencio en la orilla y observa. Antes o después el agua volverá a bajar clara.


Ananda, molesto, volvió de nuevo al río. Buda tenía razón: el agua estaba más limpia, pero todavía algo turbia. Así que se sentó contemplando su flujo. Poco a poco se volvió clara como el cristal. Entonces llenó el cuenco y regresó bailando de alegría.


Entregó el agua a Sidartha y le dio las gracias, pero Buda dijo:


-Soy yo quien debe dártelas.


Ananda respondió:


-Volví enojado al río; pero sentado en la orilla he visto que con mi mente ocurre lo mismo que con el agua. Si entro en la corriente, volveré a enturbiarla. Si salto dentro de la mente, genero confusión, empiezan a surgir problemas. He comprendido la "técnica” sentado a la orilla del arroyo.


Ahora me sentaré a la orilla de mi mente, observando lo que arrastra, sus viejas hojas, sus dolores, heridas, recuerdos, deseos…. Despreocupado y atento, me sentaré en la orilla y esperaré el momento en que todo se aclare.


Por eso fui yo quien te agradeció, Maestro.

 

martes, 24 de abril de 2012

Sobrevivir en tiempos de crisis



Estamos en recesión sin que se vea una salida y la preocupación y el pesimismo han cunden cada vez en más gente. Es difícil generalizar sobre este asunto porque la crisis económica, las existenciales etc. calan de forma diferente en las personas. No todo el mundo resiente un hecho de la misma forma. Sin embargo, se puede decir que hay inquietudes comunes y comentará algo sobre ellas:

El miedo. Hay temor por lo que nos deparará el futuro. Ciertamente, las perspectivas no son optimistas, pero no sabemos lo que ocurrirá al día siguiente. Lo que sí podemos es cambiar la manera de afrontar los acontecimientos y disfrutar tanto como podamos del momento, que es lo único que tenemos. Podemos y debemos vivir el hoy porque si mañana sucede una catástrofe nos afectará a todas las personas por igual. Y no estoy proponiendo conformarse con el “mal de muchos consuelo de tontos”. Pensemos esto: ¿Qué solucionaríamos conservando todos nuestros bienes y viendo que todo el mundo padece necesidades a nuestro alrededor? O esto: ¿Qué es lo que de verdad nos garantiza una vida plena? ¿Las cuestiones materiales? ¿Se necesita acumular objetos y dinero para ser feliz? Vivamos cada día, procuremos disfrutar tanto como podamos de lo que nos hace sentirnos bien y si no encontramos nada busquémoslo. Démonos tiempo cada día para un paseo o para una charla, para jugar, para leer un buen libro, hacer deporte, tomar algo con alguien agradable…

La ansiedad, derivada de la incertidumbre. Procede del miedo. Un miedo indefinido, sin concreción, manifestado en una reiteración de emociones negativas. Una de los remedios posibles es el recurso a métodos de relajación, que nos ayuden a disociarnos de esas emociones.

La pérdida de referencias. No sabemos a qué atenernos ni por dónde agarrar el presente. Ayuda a situarnos elaborar una lista de valores (aquello que nos importa), determinar su prioridad y evaluar su grado de cumplimiento. Una vez hecho esto, decidir cómo satisfacerlos en mayor medida. Los valores son los pilares que sostienen nuestra existencia.

La falta de rumbo. Desconocemos qué pasará, desconfiamos. No podemos o queremos tomar decisiones. En lugar de mirar hacia un horizonte sin límites, es mejor mirar más cerca e ir tomando decisiones basadas en periodos más cortos de tiempo para disfrutar por el camino. Una vez de que contamos con lo básico, retener el dinero no tiene mucho sentido. Ya vemos lo que está pasando con millones y millones invertidos en todo tipo de supuestos “valores seguros” que esperaban rentabilizarse en el futuro y se han volatilizado en el agujero negro de la especulación.





miércoles, 18 de abril de 2012

¿Emociones verdaderas?




En la entrada anterior señalaba que las impresiones que la realidad causa en nuestro ánimo no proceden de los hechos en sí, sino de cómo los interpretamos y los proyectamos en nuestra mente y, a través de ésta, en nuestros sentidos. Este antiguo cuento oriental lo ilustra perfectamente:


Cuentan que, en China, un anciano decidió regresar al lugar donde había nacido y del cual salió siendo muy joven. En el camino, se unió a un grupo de viajeros que llevaban la misma ruta, a los que explico el motivo de su viaje.
Tras varias monótonas jornadas, aquellos hombres acordaron divertirse a costa del viejo.
    -Mira anciano, ya estamos llegando a la tierra de tus ancestros, esas montañas eran las que contemplaban tus ojos cuando eras niño.
El viejo, a pesar de no recordar nada de lo que veía, se sintió dichoso al contemplar aquellas cumbres.
Horas después, llegaron a unas casas en ruinas.
   -Anciano, seguro que entre estas paredes jugaste en tu infancia.
El viejo, al ver aquel pueblo abandonado en el que creía haber pasado su niñez, no pudo dejar de apenarse.
Un poco más adelante, desfilaron ante un cementerio.
   -Mira esas tumbas, anciano; seguro que ahí están enterrados tus padres.
Al oír aquellas palabras, el anciano no pudo contener la congoja, y estalló en lagrimas.
Arrodillado frente a aquellas tumbas, le invadieron mil memorias y recuerdos que llenaron su corazón de viejas y añoradas sensaciones.
La nostalgia penetró en su alma con un tropel de emociones.
Viendo aquella escena, los viajeros se apiadaron del anciano y resolvieron contarle la verdad.
    -Sentimos decirte que nada de esto es cierto, que solo queríamos divertirnos un poco. La verdad es que aún quedan varios días de camino hasta alcanzar la tierra que te vio nacer. Te rogamos aceptes nuestras disculpas.
El anciano se levantó en silencio, recogió sus cosas y reemprendió la marcha con una honda seriedad marcada en el rostro.
Al llegar la noche y ante el mutismo del viejo, los viajeros volvieron a pedirle perdón y a expresarle su pesar por la cruel broma.
El anciano les miró y dijo:
    - Mi silencio no tiene nada que ver con vosotros, pues la burla esta ya olvidada.
    - Entonces, ¿A qué se debe? -preguntaron.
    - Se debe a que aun no he encontrado respuesta a una pregunta que me atormenta:  ¿Cómo es posible que afloren emociones verdaderas cuando éstas provienen de hechos falsos?

martes, 17 de abril de 2012

La vida es una película que nos proyectamos en la mente


La vida es una película que nos proyectamos en la mente. Bueno, no exactamente, ya que puede haber fragmentos en cine mudo o en 3D; en otros casos el relato es sólo auditivo, como una emisión radiofónica; o “cinestésico”, un baño de sensaciones. También pueden entremezclarse varios sistemas perceptivos.

Cada persona vive sus películas que, como es propio de éstas, abarcan distintos géneros: comedia, terror, suspense… En cualquier caso, se trata de un trabajo “de autor/a”. Quien dirige el rodaje soy siempre yo.

Como ocurre en el cine, la capacidad de conmovernos de cada película depende de la calidad del sonido y de la imagen. La inmersión máxima en el relato se da a través del formato 3D.
Pues bien, podemos cambiar las características de esas imágenes, sonidos y las sensaciones que nos inducen para que nos impresionen menos si son negativas o más si son positivas.

Para comprobar las diferencias, imaginemos una situación altamente placentera y observemos las particularidades de las imágenes, sonidos y sensaciones que la rodean. A continuación, hagamos lo mismo con una vivencia negativa. Ahora traslademos las características de una experiencia a la otra.

No se trata de un asunto sencillo. La reversión se realiza mediante distintas técnicas de Programación Neurolingüística y los resultados son espectaculares en muchos casos. Por ejemplo, para motivar a las personas y ayudarlas a abandonar hábitos poco convenientes o saludables.