Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

miércoles, 28 de marzo de 2012

Cómo negociar el reparto de tareas


La pareja es un contrato tácito. Cuando no hay entendimiento esta indefinición es un hándicap puesto que ninguna de las dos partes conoce a qué está obligada para que la unión prospere.

Las relaciones entre hombres y mujeres soportan el inconveniente añadido de que muchos de ellos dan por supuesto que la responsabilidad del hogar corresponde a las mujeres, con lo que no es infrecuente que acaben desentendiéndose de casi todo, escudándose en la actividad laboral o en sus necesidades personales y de expansión. Las mujeres suelen tener distintos tipos de reacciones frente a esto. Las más frecuentes son la pasividad, la ira contenida o expresada, o los intentos de hacerles ver lo injusto de la situación.

Normalmente nada funciona. En los dos primeros casos, cualquiera entiende que las actitudes de inhibición u hostilidad no produzcan resultados porque es evidente que la comunicación no es eficaz. Pero cuando se apela a la lógica, la ausencia de resultados provoca el desconcierto ¿Qué ocurre?

  1. La lógica de una persona no es la lógica de otra. Cada persona ve el mundo de una manera personal e intransferible. Además, muchas mujeres todavía llevan incorporado un programa de organización del hogar calcado del de sus madres. Si los tiempos han cambiado también las exigencias de orden, primor en las tareas y demás deberían relajarse.
  2. No podemos cambiar a otras personas si ellas no quieren. Lo que sí podemos es reconsiderar nuestras actitudes y a través de nuevas estrategias (suena maquiavélico pero siempre estamos echando mano de ellas) conseguir resultados diferentes.
  3. La comunicación no funciona sólo con la lógica. Si así fuera habría menos problemas para entendernos con la gente. En la comunicación intervienen elementos emocionales y subconscientes que hay que considerar. No nos podemos influir en nadie si no estamos relajadas y en buena predisposición.
  4. Negociemos. Para esto lo primero es saber lo que queremos. Establecer unos mínimos y dialogar sobre ellos con buen talante y voluntad de entendimiento.

miércoles, 21 de marzo de 2012

¿Cómo te tomas la vida?


Las personas tendemos a complicarnos demasiado la existencia. Y cuanto más sabemos, más nos embrollamos porque el exceso de racionalidad y/o de emocionalidad:

1- Desgasta.

2- Nos aleja del aquí y el ahora, que es lo único que tenemos, puesto que no podemos vivir el ayer ni el mañana. Podemos recrearlos. Pero vivir, sólo podemos vivir el momento.

Conozco gente que tiene dificultades para centrarse porque es incapaz de observar una cuestión con neutralidad.
Cree que las cosas son como las ve y no admite con facilidad otros puntos de vista. Esto, naturalmente, supone un problema y exige un cambio perceptivo.

Pero hay personas capaces de analizar una situación y hacerlo con objetividad. Teóricamente no deberían tener ningún problema. Analizo el acontecimiento, lo veo en toda su dimensión y adelante.

Pero esto no es tan sencillo. Los contratiempos, los disgustos, las decepciones nos desarman y nos muestran nuestra vulnerabilidad, en el momento en que nos acontecen (la reflexión llega más tarde). Entonces nos decimos: “¡Anda, pero si yo me creía segura, decidida y no sé qué más, y ahora resulta que soy otra cosa”.

Mira: Lo eres y no lo eres. Lo eres en determinadas circunstancias y no lo eres en otras. Cuando nos hieren en lo más íntimo de nuestro ser (de nuestro orgullo se podría decir también), caen todos los escudos con los que vamos por la vida precisamente para que no nos hieran, y se desbaratan las defensas. Quedamos como lo que somos en realidad: seres frágiles, vulnerables, necesitados de afecto y de reconocimiento. De amor, en definitiva. Así somos en el fondo TODAS LAS PERSONAS. Sin excepción.

Y hay que aceptarlo.Y hay que vivir esa situación y esperar al momento siguiente o al próximo, cuando nos recuperaremos del impacto y todo volverá a su sitio. Seguiremos siendo quienes decidamos ser, porque LA ACTITUD ES UNA CUESTIÓN DE ELECCIÓN. Si cerramos los ojos a esa vulnerabilidad que nos incomoda, probablemente volveremos a ser quienes fuimos antes de ese impacto. Pero quizás ese trance nos ayude también a descubrir otras dimensiones de nuestra persona, lo cual no deja de ser enriquecedor, pues no somos ni como cuando estamos con todas las defensas en alto ni como cuando nos sentimos vulnerables. Somos una mezcla de las dos cosas.

Lo importante, a mi juicio, es observar que uno y otro estado son transitorios. La vida es fluir, cambio constante y las personas podemos permanecer abiertas a esa sucesión de los acontecimientos sin engancharnos a nada transitorio para afincarnos en lo permanente. ¿Y qué es lo permanente?

1-El movimiento respiratorio que nos acompaña desde el primer al último aliento.

2-Ese ser que somos en esencia y que no se identifica ni con emociones ni con sentimientos ni con expectativas de ninguna clase.

Ese ser y el movimiento que le anima (la respiración) toman lo que cada momento y circunstancia les ofrece.
Segundo a segundo. Con cada inhalación y cada exhalación.  Poniendo atención plena (Mindfulness) al incesante transcurrir de la vida.

martes, 13 de marzo de 2012

Hacer frente a la culpa y la ansiedad


Es muy común en las mujeres sentir culpa por pretender desarrollarse personal o profesionalmente si para ello tienen que descuidar el papel que se les ha asignado secularmente.

Y en un contexto de participación mayoritaria en el mercado laboral, si a la presión del trabajo añadimos su pretendida obligación de compaginarlo con las tradicionales tareas del ama de casa el resultado es un estado de ansiedad permanente. Mezclado con la culpabilidad por no ser capaz de atenderlo todo con la diligencia que se les supone.

La ansiedad es lógica en cualquier persona que se vea obligada a realizar varias y muy diferentes tareas a la vez y quiera ejecutarlas a la perfección (que lo consiga ya es otra cosa). Pero ¿y la culpa? No conozco a ningún hombre con ambiciones profesionales que sienta ‘cargo de conciencia’ por no dedicar tiempo ni atención a su pareja y a su descendencia. Algo que sí ocurre con la mayoría de las mujeres.

Es innegable que en el origen de ese sentimiento están la influencia de la religión en nuestra cultura judeo-cristiana -que todavía nos condiciona y mucho, a pesar de los bajos niveles de religiosidad-, y el lugar que esa cosmovisión nos asigna a las mujeres. De modo que, querámoslo o no, de momento la culpa vino para quedarse y es causa de desequilibrios emocionales que sumados al estrés de la doble jornada causa estragos, sobre todo en las madres.

Desde el coaching, la PNL y el Mindfulness hay soluciones que ayudan a reencuadrar la realidad desde nuevas perspectivas y a contemplar los sentimientos desde un punto de vista más neutral.

También ofrecen orientación para una mejor planificación del tiempo y para mejorar la comunicación y, a través de ello, propiciar una mayor participación de todas las personas que conviven en la unidad familiar en las tareas comunes.

martes, 6 de marzo de 2012

Ni sólo emoción ni sólo razón

La claridad mental, la facultad de discernir con acierto, depende del equilibrio entre el pensamiento y las emociones. Es tan difícil que las personas los mantengamos en las proporciones adecuadas como que logremos la armonía en otros aspectos de nuestro ser. Normalmente, los hombres son más racionales y las mujeres más emocionales.   

¿Cómo evitar que las emociones nublen la razón? Pues recurriendo a eso que se ha dado en llamar inteligencia emocional. Veamos algunas claves: 
  • Resulta imposible deshacerse de un estado de ánimo cuando se apodera de nosotras, pero podemos ser conscientes de que se trata de algo transitorio que pasará más pronto que tarde. Es importante desidentificarse de los sentimientos negativos para darnos cuenta de que nosotras no somos la emoción: si sentimos odio, no somos odiosas; si rabia, no somos rabiosas; pero si nos embarga la alegría tampoco somos alegres. Las emociones y los pensamientos vienen y van, pero nuestro ser permanece, más allá de lo que sentimos o pensamos. Técnicas de meditación como la atención plena o mindfulness nos ayudan a ver con más claridad estas cuestiones.
  • En el momento en que nos veamos atrapadas por una turbulencia interna evitemos discutir porque no haremos sino complicar las cosas y quizás decir algo inconveniente. Excusemos nuestra presencia, retirémonos y respiremos hondo tantas veces como sea necesario para calmar los ánimos. Nos sentiremos mucho mejor que hablando sin ton ni son.
  • Tampoco tomemos decisiones en medio de un arrebato y menos si se trata de una cuestión importante. En este caso démonos un tiempo más largo para sopesarlo con la razón. Será de gran utilidad poner por escrito nuestros objetivos inmediatos o a largo plazo, fijando en dos columnas los pros y los contras.

    En este vídeo que os enlazo, la dramaturga Eve Ensler habla de lo que ocurre al contrario: cuando se ignora la emoción:
           http://www.ted.com/talks/lang/es/eve_ensler.html