Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

miércoles, 29 de febrero de 2012

El perfeccionismo no es saludable


En el camino del medio está la virtud, decían los sabios de la Antigüedad. Tratar de hacer las cosas bien está genial. El refranero atestigua que “lo bien hecho, bien parece”. Pero, como todo, en su justa medida. El perfeccionismo no es saludable.

Esta característica es un rasgo común a muchas mujeres actuales. Lo encarnan  las llamadas “superwomen”, las que compaginan el trabajo remunerado, la atención de las necesidades del hogar familiar y los cuidados. Y lo hacen con tal celo que incluso ponen en riesgo su integridad física y psíquica.

No sabemos relajarnos. Es normal teniendo en cuenta que no vivimos en una situación de igualdad y que para conseguir lo mismo se nos exige el doble. La situación llega a rayar lo patológico en aquellas que tienen descendencia y una pareja que se desentiende de las responsabilidades familiares, además de trabajo remunerado.

Estas mujeres suelen marcarse el reto de hacerlo todo ellas y a la perfección. Y hasta lo consiguen: son capaces de hacer malabares con 20 bolas. Pero en cuanto tienen que conformarse con manejar 18 se desmoronan. Evidentemente, este alto nivel de autoexigencia tiene un tope y el límite viene marcado por el tiempo disponible, la presión en todos los ámbitos y la edad. Todo ello va mermando sus capacidades y su aguante físico y emocional.

¿Qué hacer?, meditan entonces. Y no se les ocurre ninguna respuesta porque para buscarla recurren a las mismas soluciones que están complicando su existencia: más perfeccionismo. Pretenden deshacerse de automatismos heredados de hace décadas en un momento, y sólo a base de razonar sobre su sinsentido e incongruencia.

Pues no, señoras. El intelecto no sirve para esto. Cuando estábamos en el colegio aprendíamos poco a poco, ¿no? Pues del mismo modo el “desaprendizaje” de ciertos hábitos hay que trabajarlo también pasito a pasito. Pensemos, por ejemplo, qué podemos hacer de diferente cada día para despojarnos de esos automatismos que nos hacen vivir tan aceleradas y nos están arrebatando la alegría, la fuerza y la salud.

lunes, 27 de febrero de 2012

Cómo puede ayudar el coaching a las mujeres


El coaching se aplica para introducir mejoras tanto en la vida profesional como personal. En el ámbito laboral apenas hay diferencias entre los dos sexos. Los programas formativos se ofrecen a quienes ocupan puestos de mando, hombres y mujeres indistintamente, con los objetivos de mejorar la inteligencia emocional, y la comunicación y el funcionamiento de los equipos para que la empresa pueda lograr sus objetivos con más eficacia. También sirven para dotar a las cúpulas directivas de estrategias para afrontar el estrés y para ayudarles conciliar el trabajo con la vida personal y familiar.

El coaching personal enseña también gestión emocional, habilidades comunicativas y automotivación, y ofrece herramientas para clarificar y conseguir objetivos. En este caso, las usuarias suelen ser casi exclusivamente mujeres ¿Cómo se interpreta esto?

Nos encontramos en una época de cambio radical de valores. De redistribución de los roles clásicos de la feminidad y la masculinidad. Y en este reparto las mujeres han ganado muchas cosas pero también soportan más estrés. Se han introducido de lleno en la actividad profesional sin haberse liberado de las seculares responsabilidades en el hogar.

La igualdad legal convive con poderosos símbolos y creencias asociadas a la maternidad y a la feminidad y las mujeres todavía sienten como responsabilidad propia el bienestar de la familia, y no digamos nada el de los hijos e hijas.

Normalmente, esta actitud se traslada al trabajo, donde continúan ejerciendo su labor conciliadora en detrimento de su autoafirmación y autovaloración, y del propio progreso en la carrera profesional, al que muchas acaban renunciando en favor de la vida personal y familiar.

¿Qué salidas ofrece el coaching? Desde esta disciplina se puede ayudar a las mujeres a librarse de los estereotipos de género, ganar en autovaloración, autoestima y asertividad, afrontar retos con seguridad, trabajar el liderazgo o identificar y superar sus autolimitaciones.

También les permite avanzar en otros objetivos más generales pero complementarios como mejorar la gestión del tiempo y el manejo de las emociones, comunicar más y mejor, adoptar mejores decisiones, desplegar habilidades sociales y un sinfín de recursos destinados a potenciar su desarrollo como personas y al mismo tiempo como profesionales dotadas de mando e influencia.

Todo esto es muy importante en un momento crítico en el que quienes gestionan la crisis están sucumbiendo a la tentación de sacar a las mujeres del mercado de trabajo y devolverlas a los hogares como eficaz medida para reducir las cifras de desempleo.


jueves, 23 de febrero de 2012

Lo que deseamos ya lo tenemos


Todo lo que deseamos ya está en nuestro interior. Me refiero, claro, a lo inmaterial. A atributos. Pero hete aquí que son precisamente las cualidades lo que nos permite también acceder a los objetos con los que cubriremos nuestras necesidades… y más allá. Porque no es posible disponer, por ejemplo, de un empleo bien remunerado si no se poseen una serie de características y habilidades. No al menos en una sociedad tan competitiva como la nuestra.

Yo tomé conciencia de este asunto con ocasión de un enamoramiento. Desapareció el objeto, pero no el amor. Permanecía enredado con el dolor, pero allí estaba. Entero, intacto. Y me dije: “Esto es mío, independientemente de a quién se lo quiera ofrecer. Y además nadie se lo puede llevar”. No veáis lo que me alivió. Desde entonces veo esta cuestión con otros ojos.

Esto mismo vale para cualquier elemento que apreciemos ¿Que nos gustaría ser más sociables, más valientes, más independientes, más lo que sea… que veamos en otras personas? Es posible. Todo eso que valoramos permanece larvado en nuestro interior esperando a que algo lo active. ¿Cómo? Trabajándolo.

Y es que cada persona tenemos unos rasgos o tendencias dominantes pero llevamos incorporado todo el catálogo que compone la especie humana como potencial de reserva. Todo el mundo tiene de todo aunque sea en pequeña proporción. No hay más que ver que hasta lo que parece dado de una vez y para siempre, la belleza física o la supuesta falta de ella, se puede mejorar. Y mucho.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Por la “despatologización” de la condición humana

www.chicagofilmfestival.com
Ultimamente oigo hablar mucho de “despatologización”. Y entre lo más original, me he topado con una iniciativa para “despatologizar” la poesía. Me quiero sumar a ese movimiento con esta pequeña contribución para “despatologizar” las necesidades humanas o, mejor dicho, la condición humana.

Veo cada vez a más personas preocupadas porque consideran malsano su natural deseo de satisfacer necesidades vitales, tales como sentirse comprendidas o amadas. Gente también agobiada porque su carácter le dificulta la adaptación a determinadas estructuras, sean sociales, educativas o familiares.

Parece que la sociedad nos condena a las personas a permanecer calladitas y sentaditas en un rincón, sin alzar la voz sobre el discurso dominante, ya que se supone que todo lo que se salga del guión es enfermizo, malsano.

No es de extrañar que ese pensamiento se generalice cuando nos estamos acostumbrando a tomar píldoras para todo y ante noticias como una reciente que informa de que el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (considerada la "biblia" del diagnóstico en la medicina de la salud mental) etiqueta como enfermos a niños y niñas tímidos o rebeldes, y parientes afligidos por la muerte de un ser querido. Hasta aquí hemos llegado después de haber hecho pasar por trastorno algo tan natural como el nerviosismo infantil y otras facetas del temperamento joven y adulto.

Pues bien: querer que nos quieran, que nos comprendan; desear comunicarnos con quienes nos rodean o vivir una vida plena y realizada; ser rebelde, independiente, diferente, tímido/a; estar tristes, tener genio (¡Qué bueno y original!) etc. etc. no es nada malo, raro ni extraño. Simplemente, forma parte de la riqueza y la diversidad de nuestra condición humana.

lunes, 13 de febrero de 2012

¿Puede una amistad ser tu ‘coach’?

‘La Vanguardia’ publica hoy una entrevista con el terapeuta de PNL Viçens Olivé, cuyo titular afirma: “El coaching existe porque no tenemos buenos amigos”.  Lo primero que me ha venido a la cabeza es que este hombre o no se explica o no sabe de lo que habla y es que una buena amistad nunca puede sustituir a un/a ‘coach’.
Pero lees la entrevista y encuentras la explicación. Cuando detalla lo que es una buena amistad te das cuenta de que es algo que sencillamente no existe. Porque para él una buena amistad es la perfecta sabiduría encarnada.
Así que lo que solemos considerar buenas amistades son generalmente personas que cuando les planteas un problema no te atienden sino que se escuchan a sí mismas, te dan sus razonamientos, sus pautas, leen tu realidad a partir de sus prejuicios y creencias, y finalmente te dicen lo que tienes que hacer. Con su mejor voluntad, seguro. Esto es lo que las hace dignas de nuestra amistad.
¿Cuáles son las diferencias y las similitudes entre nuestras buenas amistades y un/a profesional del coaching? Las similitudes son que también somos personas con nuestras limitaciones, oscuridades y creencias. Pero somos conscientes de ello y disponemos de los instrumentos y las herramientas para conseguir que el/la cliente encuentre sus propios recursos y salidas.
Sin pretender tener la verdad y opinando sólo si nos lo permiten. Acompañándole en la búsqueda de soluciones a sus problemas, incertidumbres, crisis y dudas, tanto personales como existenciales.
Ahí va el enlace a la entrevista, muy buena por cierto, aunque hay que matizar que esta es ‘su’ visión y que hay tantas como personas:

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110919/54218318233/el-coaching-existe-porque-no-tenemos-buenos-amigos.html


miércoles, 8 de febrero de 2012

¿Cómo es tu familia?

La maternidad-paternidad en nuestro entorno es hoy un estado elegido. O eso se supone, ya que disponemos de métodos anticonceptivos asequibles y variados para elegir.

Esta es también la razón por la que las madres y padres se esfuerzan por cumplir su tarea a la perfección y ofrecer a su descendencia un ambiente familiar feliz, aunque no siempre lo consiguen. O no del todo.
La psicoterapeuta Virginia Satir estableció una diferencia entre las familias nutricias y las conflictivas. 

Para determinar a cuál pertenece cada una plantea tres preguntas:

1- ¿Te agrada vivir con tu familia en la actualidad?
Satir dice sobre esto: “La mayor parte de las familias con las que he trabajado no se habían planteado esta pregunta hasta que yo la formulé. La vida en común era algo que daban por hecho; si no se hacía evidente una crisis familiar, todos suponían que los demás estaban satisfechos”.

     2- ¿Sientes que vives con personas que te agradan y en quienes confías y a quienes agradas y a su vez confían en ti?
Su comentario: “Esta interrogante siempre evocaba la misma respuesta de sorpresa: ‘Cielos, nunca lo había pensado; es sólo mi familia: ¡Cómo si los miembros de la familia fueran diferentes del resto de la humanidad!”

      3- ¿Ser miembro de tu familia es divertido y emocionante?
Dice: “Hay familias cuyos miembros consideran que el hogar es el lugar más interesante y satisfactorio que puede haber. Pero muchas personas viven con familias que representan una amenaza, una carga o un motivo de aburrimiento”.

Señala Satir que contestar afirmativamente a estas tres preguntas es signo de que se vive en lo que ella denomina una “familia nutricia”. En cambio, si la respuesta es “No” o “No mucho” es posible que la familia arrastre “ciertos conflictos”, lo cual, subraya, “no significa que sea una mala familia sino que LOS MIEMBROS NO SON FELICES NI HAN DESCUBIERTO LA FORMA DE AMAR Y VALORAR ABIERTAMENTE A LOS DEMÁS”.

Fuente: “Nuevas relaciones humanas en el núcleo familiar”.
Autora: Virginia Satir.
Editorial: Pax México.



lunes, 6 de febrero de 2012

Las relaciones también son niñas y adolescentes hasta llegar a adultas



He dicho en una entrada anterior que la pareja es 1+1, es decir, dos subjetividades que renuncian a algo no fundamental de sí mismas para encontrar puntos de coincidencia con la otra persona.

Como en esto de las relaciones hay de todo, aclararé que me refiero a las conocidas como “de compromiso” en las que dos personas unen sus vidas con la intención de emprender proyectos comunes. Normalmente se plantean convivir juntas y dan por supuesto (salvo que establezcan expresamente lo contrario) una fidelidad que incluye el monopolio en la entrega mutua del cuerpo físico. Digo “físico” porque es a lo que se suele dar importancia pues es lo que se ve. La exclusividad emocional e intelectual es más difícil de comprobar y también de mantener.

Hace unas décadas la inmensa mayoría de estas parejas se casaban para toda la vida, tenían descendencia o no, trabajaban, envejecían y morían. Cumplían su ciclo vital sin dar demasiadas vueltas a las cosas. Si no se llevaban bien, cada cual hacía su vida, aunque seguían conviviendo. Cuando llegaban a la vejez, los años atemperaban sus ánimos y hasta podían entenderse.

Hoy el problema es el contrario. En nuestro entorno, muchas parejas jóvenes ignoran lo que es una relación y no le dan tiempo para crecer. Creen, por ejemplo, que cada cual puede seguir practicando sus aficiones aunque no coincidan en nada con las de su pareja y que no pasa nada por carecer de un tiempo compartido. Me refiero, claro, a un tiempo de calidad. Que vale con el que dedican a la compra, a la crianza conjunta de los hijos e hijas, si los tienen, al cuidado de la casa o al estar con las amistades comunes… Pues no, no basta.

La pareja necesita un tiempo de intimidad propio al margen de la actividad sexual. Un espacio para compartir inquietudes, desazones, esperanzas… lo que sea que preocupa a cada cual. Y hay que buscarlo y el resultado será una buena comunicación, que favorecerá también el intercambio sexual.

Otro inconveniente que sufren las relaciones amorosas es que no se les da el tiempo necesario para madurar. Los desencuentros no se resuelven, van a más y acaban asfixiando el proyecto de pareja. 

Hay teorías con las que estoy de acuerdo, pues tienen toda la lógica del mundo, que dicen que una relación sigue el mismo proceso de desarrollo y maduración que la propia persona. Tiene, por tanto, una etapa infantil, a la que sigue una adolescente y otra adulta.

Pensemos en el proceso de cualquier relación larga que hayamos mantenido y establezcamos el paralelismo. Así, pues, cualquier proyecto de pareja necesita hacer su recorrido y abordar  los problemas que puedan surgir en cada estadio con los mecanismos que corresponden a esa etapa. Es decir, en la niñez de una relación gozaremos y sufriremos las circunstancias de esta fase, en la adolescencia ídem… así hasta llegar a una relación adulta, que también tendrá sus pros y sus contras. Y, naturalmente, no será conveniente vivir una relación-adolescente con mentalidad adulta ni lo contrario.



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jueves, 2 de febrero de 2012

¡A jugar! ...Aunque seamos mayores

Hay métodos de coaching o de terapia (a veces las dos cosas se confunden) basados en rescatar al niño o la niña que llevamos dentro. Y que no es otro, otra, que aquél o aquélla que fuimos ¿Quién más podría ser?

El asunto consiste en ponerse a saltar, a bailar, a cantar (imagínate que tienes cinco años, pues eso)… y en pasárselo en grande de esa manera o de la que a cada quién se le ocurra. Certifico que es muy divertido y más aún en grupo. Cuanta más gente, mejor. Exactamente como cuando éramos niños y niñas. Todas las personas recordamos situaciones así, porque lo que recordamos son sobre todo los buenos momentos.

Es, pues, un ejercicio superdivertido, antiestresante, rejuvenecedor etc. Ese niño y niña que fuimos siempre vive en nuestro interior y es quien salvaguarda nuestra reserva de felicidad. Quien sonríe cuando sonreímos. También a veces quien llora cuando lloramos y quien sufre cuando sufrimos. Pero sobre todo quien vibra cuando estamos alegres.

Por tanto, no nos tomemos la vida tan en serio y permitámonos de vez en cuando romper las normas, las rutinas, las disciplinas. Reír cuando no toca, decir una palabra más alta que otra, desvariar, bailar, cantar, suspirar… No vaya a ser que de no practicarlo acabemos olvidando quiénes somos de verdad.

Quedemos de vez en cuando con nuestras amistades para jugar. Hagámoslo por nuestro bien y el de quienes nos rodean.



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miércoles, 1 de febrero de 2012

El arte de ser quien se es

Somos seres gregarios. Las personas estamos hechas para vivir en sociedad. En familia. Pero ello a veces nos exige un alto precio: dejar de ser quienes somos. O eso parece.

 “¿Quién soy yo?” Averiguarlo no es fácil. Pero vamos a suponer que todo el mundo lo sabe más o menos. Admitamos también que la respuesta puede ser cambiante dependiendo de las etapas vitales o de si las circunstancias nos obligan a adaptarnos a lo que se espera de nosotras/os.


Esta operación es necesaria en uno y otro momento de nuestra vida y si no sabemos hacerla con arte podemos caer en una esquizofrenia vital: o vivimos en el continuo malestar de no saber dónde está la frontera entre el papel que nos toca representar y nuestra esencia, o directamente nos convertimos en inadaptadas/os. 


Pero podemos darle la vuelta al argumento y contemplar este acomodo como una ganancia: compartir la vida con otra u otras personas es una suerte cuando no es imprescindible ceder nada propio que sea esencial. Cuando la convivencia no supone quebrantar nuestros valores y lo que además nos aporta contribuye a asentarlos y ampliarlos. Entonces nos podemos permitir ser quienes somos incluso aunque tengamos que conciliar a los intereses comunes. Esto vale para la vida en pareja, en familia o en sociedad.


Eso sí, cuando alguien o algo nos obliga a dejar en el camino algo fundamental es evidente que ese tipo de relación nunca nos hará felices ni nos ayudará a avanzar en nuestro camino personal.


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