Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

viernes, 27 de enero de 2012

Sin comunicación no hay pareja


Pregunté a una amiga sexóloga en cierta ocasión cuál era el motivo por el que la mayoría de la gente acudía a su consulta. Me respondió que la incomunicación entre hombres y mujeres. Es decir, el abismo que en cuestión de mentalidades hay entre unas y otros.

Como sabemos y es evidente, las mujeres hemos avanzado mucho en poco tiempo. Ya no creemos en cuentos de los príncipes azules, aunque se los sigan vendiendo a nuestras niñas, y valoramos mucho nuestra autonomía.

La mayoría de ellos, en cambio, en general, se emparejan y creen que pueden vivir como con su madre (de hecho, la mujer cumple muchas veces esa función). Han cambiado poco, en definitiva. Mucho menos que nosotras. De ahí la falla.

La próxima semana se va a representar en Durango una obra de teatro de la compañía local La Papa, titulada ‘Las mariposas del estómago no han muerto’. El autor es el argentino Ricardo Combi y la interpretan él mismo y su pareja de hace dos décadas, la actriz Izaskun Asua.

Proponen como solución a estos problemas convivir comprendiendo las diferencias entre hombres y mujeres. Sostienen que las mujeres no podemos pensar como los hombres y ni éstos sentir como las mujeres y que por tanto no podemos ser “iguales”, ya que hay una diferencia bioquímica de por medio.

Desconozco si esta será la solución. Pero sí pienso que puede ser parte de ella. No tanto pensar que el otro o la otra no pueden razonar o sentir como yo, como ser consciente de que la otra persona es ella y yo soy yo. Y que para entenderse cada cual debe desarrollar sus inquietudes, al mismo tiempo que respeta las de la otra persona, y muestra una clara voluntad de comunicación, pues sin comunicación no hay pareja. Ni, consecuentemente, sexualidad placentera.

Quien no pueda lograr esto por cuenta propia puede recurrir a cualquier profesional que le o les oriente, pues a veces el alejamiento ha llegado a un punto tal que el arbitraje es la única salida. O la ruptura, claro. Pero para eso siempre hay tiempo.



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martes, 24 de enero de 2012

La excelencia no está en crisis




El paro galopante está sumiendo a buena parte de la gente, en especial a la juventud, en una especie de parálisis, de desesperanza e incluso de desconfianza en sus propias aptitudes y posibilidades.

Da la impresión de que no hay opción a acceder al mercado laboral en un futuro inmediato por muchos títulos o especialidades de que se disponga. Y en efecto, según personas expertas en esta cuestión, la formación académica ya apenas cuenta en los procesos de selección porque la sobretitulación es un fenómeno generalizado.
 

¿Qué es lo que marca la diferencia? Pues precisamente eso que no se enseña en ninguna universidad o máster: la iniciativa, la motivación, la capacidad de trabajar en equipo, de empatía y de gestión emocional, aparte de otras que se han valorado toda la vida como la laboriosidad, la disponibilidad o la lealtad.

Estas últimas aptitudes van con el carácter, pero junto con las primeras se pueden trabajar en procesos de coaching y de gestión emocional.
La excelencia nunca ha estado en crisis. Las empresas están deseosas de contar con personas que reúnan la mayor parte posible de esos requisitos, precisamente porque son escasas de encontrar. Como decía un directivo de viejo cuño recurriendo al refranero, “son habas contadas”. Y todo el mundo se las disputa.

Así que si queremos triunfar en el mundo laboral (también vale para el personal, claro está), además de acumular conocimientos será obligado empeñarnos en la mejora personal.




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viernes, 20 de enero de 2012

Saborea el momento


Tener presente cada instante ayuda a controlar la mente y las emociones. Es algo evidente, pero se nos olvida en cuanto nos aceleramos y encendemos el piloto automático.

Las prisas nos impiden paladear lo que cada momento nos ofrece y nos están arrebatando la vida porque la existencia consiste precisamente en eso: en instantes sucesivos.

Es posible estar presente en cada momento, incluso en medio del tráfago cotidiano. Claro que para ello es preciso retirarse unos minutos del ruido y de la gente para ejercitarse en la hiperconciencia, por ejemplo apreciando algo con los cinco sentidos.

Podemos probar con esa manzana que nos llevamos al trabajo para el desayuno. En lugar de comerla sentadas sobre la mesa de una colega intercambiando confidencias podemos probar a degustarla solas en un lugar tranquilo para poder captar todas las sensaciones que nos brinda la experiencia:


-Agarra la manzana (o cualquier alimento) y mírala bien desde todos los ángulos posibles. Observa los detalles con atención. Recréate en ellos.


-Pasa la mano por su superficie en todas las direcciones y siente su textura. Sin prisas.


-Aprieta el objeto y acércalo al oído a ver cómo suena. Si la masa es compacta arranca un trozo y escucha el sonido que hace al desgajarse.


-Huélelo ¿Evoca en ti alguna imagen o sensación?


-A continuación muerde un pedazo y comienza a rumiarlo lentamente, sin tragar.


-Finalmente, siente cómo el alimento desciende por el esófago.


Repite este ejercicio siempre que puedas y en especial en situaciones de estrés.



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lunes, 16 de enero de 2012

Un ejercicio para calmar la mente

Screenshot from performance by Marina Abramović, MoMA, March 9, 2010
En estos tiempos convulsos que vivimos reina la preocupación. No sabemos qué nos deparará el futuro. Qué será de nuestros trabajos, de nuestros planes y de nuestras vidas. De nuestro mundo.

Los estados de intranquilidad generan en las personas un diálogo interno incesante que en nada ayuda a templar los ánimos y prestar atención a nuestras tareas o placeres. El caso es que no tenemos por qué soportar esas malas pasadas que nos juega la mente. Podemos calmar a esa “loca de la casa”, como la definió alguien acertadamente, cuando veamos que la zarandean torbellinos sin control.

Como propuesta, ofrezco un ejercicio de ‘mindfulness’ o atención plena, método de relajación adaptado a las características de la cultura occidental:

1º) Siéntate en una postura cómoda y relajada con ropa que no te oprima. Puede ser en el suelo con las piernas cruzadas o en una silla (en este caso con las piernas separadas y las plantas de los pies bien firmes sobre el piso). La espalda recta y las palmas de las manos apoyadas en los muslos.

2º) Tómate unos minutos para tranquilizarte respirando a un ritmo natural. 

3º) A continuación, lleva tu atención a la parte del cuerpo donde más claramente sientas la respiración. Pueden ser las fosas nasales, el pecho o el abdomen. 

4º) Sigue el recorrido del aire al entrar a tu cuerpo desde las fosas nasales, pasando por la tráquea y hasta los pulmones o el abdomen; y después el trayecto inverso de la espiración. Permanece así, prestando total atención a ese movimiento rítmico.

5ª) En el momento en que los pensamientos y sus emociones asociadas te perturben, obsérvalas simplemente desde la distancia y déjalas marchar para volver de nuevo a la respiración. 

6º) Trae tu atención a la respiración cuantas veces tu mente comience a vagar. Pero no te resistas a los pensamientos ni a las emociones. Son pasajeros. Obsérvalos llegar y marchar y, con total suavidad, vuele a centrarte en ese inspirar y espirar parecido al flujo y reflujo de las olas del mar. Y, si quieres, detente en ese momento de quietud donde la inspiración y la espiración se encuentran.

Repetir este ejercicio durante 10, 15 ó 20 minutos al día es un buen modo de comenzar a ser conscientes de que los pensamientos no son la realidad sino sólo creaciones de nuestra mente.

Pero, como toda destreza que deseemos adquirir, el dominio de la imaginación y las emociones requiere de un entrenamiento continuado, progresivo y supervisado. Sólo así se consigue que las emociones operen en nuestro beneficio. 



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jueves, 12 de enero de 2012

Deprimirse no sirve para nada


Las noticias que escuchamos todos los días no ayudan precisamente a levantar el ánimo. Nos hablan de recortes de derechos, subidas de impuestos, ocaso de empresas, cese del consumo, paro galopante… Y el temor se ha instalado en los corazones.

El miedo es una emoción paralizante y defensiva, que coarta la iniciativa, el optimismo y la confianza. Y los tiempos que vivimos requieren de nuestras mejores energías para resistir en medio de la tormenta o enfrentar lo que vaya a llegar.

¿Qué nos depara el futuro? De momento es una incógnita. Pero lo que parece claro es que sea lo que sea exigirá nuestro empuje y esfuerzo transformador.

Por tanto, no podemos permitirnos tener miedo o deprimirnos. La razón más importante es que no sirve para nada y, creámoslo o no, podemos elegir sentirnos bien. ¿Cómo?
  • En primer lugar, pensemos de qué tenemos miedo. ¿Es algo real o es una creación de nuestra mente? El miedo al futuro siempre es producto de nuestra imaginación. ¿Por qué no ideamos escenarios positivos? Podemos hacerlo igual y de paso nos curará las indigestiones.
  • Intentemos alejarnos de todo lo que alimenta los pensamientos negativos: si son las noticias, notemos que hoy dicen “A” y mañana “B”. ¿Quién sabe lo que va a ocurrir? Nadie. Si son otras personas no tenemos por qué escuchar sus cantinelas. Si son los personajes que habitan dentro de nuestra cabeza, conectemos con nuestra respiración a través de las diversas técnicas existentes y observémosles actuar siendo conscientes de que se trata sólo de representaciones en el teatro de nuestra mente.
  • Procuremos encontrar momentos para disfrutar cada día sin esperar al fin de semana, a las vacaciones o a la jubilación.
  • Busquemos la paz interior y en nuestras relaciones con otras personas. Veremos que todas las hormonas del bienestar se disparan aunque baje la Bolsa.
  • Estimulemos el sentido del humor y el amor. Reír, querer y quererse son los mejores antídotos contra la depresión.

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lunes, 9 de enero de 2012

La importancia de los detalles

By BIGLI-MIGLI

Las grandes cosas se miden por los detalles. Lo mismo ocurre con las personas. ¿Cómo apreciamos que algo está bien hecho? Por los acabados. Esta es la lógica que concede importancia a cuestiones que a la inteligencia le pueden parecer absurdas de entrada.

Pensemos en una entrevista de trabajo. Como no vistamos de forma impecable, punto negro. ¿Y las aptitudes? ¿Y los conocimientos? Eso viene después. Tras la criba de la primera impresión.

Vivimos en una sociedad tan acelerada que la semiología de la apariencia física es determinante para conceder o no tiempo e interés a una persona. Este principio rige en los ambientes laborales, empresariales etcétera. Pero también en las relaciones que establecemos cada día en todas partes, incluidas las personales.

Y querámoslo o no esa regla está siempre ahí, operando de modo inconsciente. Precisamente por eso, porque se trata de algo que se nos escapa y que no podemos controlar con la razón, los detalles son importantes.

Las pequeñas cosas marcan la diferencia. Lo mismo que un aspecto cuidado, un regalo de vez en cuando a las personas queridas, dedicarles tiempo y atención, acompañar a personas que están solas o una acción solidaria hablan más y mejor que el discurso más sublime. 


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viernes, 6 de enero de 2012

Organiza tu trabajo y no lo dejes todo para el final

Un trabajo realizado con tiempo está mejor hecho que si se hace de forma apresurada. Esto no por resultar obvio es la norma general. Por el contrario, muchas personas se resienten de precipitación y se ven incapaces de organizarse como les gustaría, es decir, dejando tiempo para que la agitación física o intelectual cese y se pueda repasar la tarea. Lo mismo ocurre con el estudio.

No obstante, dejarlo todo para última hora no es malo en sí. Cada persona es como es y se puede funcionar de esta manera siempre que cuando se acercan los plazos se disponga de tiempo para elaborar el trabajo y repasarlo. Ahora bien, se corre el riesgo de que un bloqueo o cualquier imprevisto den al traste con el plan. Entonces, sí que hay un problema. Y muy serio.

Por el contrario, disponer de mucho tiempo también puede llevar al relajo excesivo, a la dispersión y a dilapidar horas y horas en entretenimientos banales, sintiendo que hemos saltado de estímulo en estímulo sin ton ni son y que nuestra jornada de trabajo ha sido poco provechosa.

Propongo aquí cuatro acciones que pueden ayudar a organizar el trabajo a la medida de cada cual.

Hábitos y rutinas


Los hábitos nos impiden hacer las cosas de forma diferente. Si lo pensamos, somos seres rutinarios.
1-     Analiza tus rutinas diarias (plásmalas en una hoja por escrito) y piensa qué puedes cambiar para  disponer de más tiempo o para aplicarte más y mejor.
2-     Elabora una hoja de rutinas diarias a tu medida (¡Ojo, cosas que puedas hacer o de las que puedas prescindir seguro!) para organizarte de la forma que consideres más adecuada.
3-     Tacha las rutinas que desees eliminar.
4-     Haz una tabla semanal (una hoja para cada día de la semana) y repásala una o varias veces cada día para comprobar que la estás cumpliendo según tus deseos y posibilidades.

Autosabotaje
 
Cuando te pongas a trabajar y te bloquees o te cueste observa qué te dices interiormente y cómo le lo dices. Todas las personas tenemos a una saboteadora dentro que nos machaca más o menos. No te trates con dureza. Aparte de no ser justo (no somos perfectas/os) no ayuda. Por el contrario, date ánimos con voz dulce y amable. Trátate como a la persona más querida.

Hoja de tareas

Parecido a la hoja de rutinas, que se refiere a los hábitos diarios, pero ya con tareas concretas. Se pueden plasmar en la misma hoja que las rutinas.

Motivación

Aparte de no dar alas a la autosaboteadora podemos imaginar la situación de trabajo ideal. Construimos nuestra propia realidad. El pasado y el futuro no existen tal y como los imaginamos, puesto que los vemos a través de construcciones mentales. De modo que podemos evocar la escena deseada y recrearla en nuestra mente y cuando la tratemos de vivir nos resultará familiar y, en consecuencia, más factible. Nos resultará familiar, como los hábitos.

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martes, 3 de enero de 2012

Cómo formular los propósitos para el nuevo año

passiononpurposeblog.com
Estamos en época de balances y nuevos retos. Muchas personas recapitulan por estas fechas lo que les ha deparado el año que ha terminado y se formulan propósitos para el entrante. Hay quienes lo hacen sistemáticamente y quienes se aplican a ello sólo puntualmente. Depende de cómo hayan transcurrido los doce meses anteriores.
En cuestión de cambios no es razonable pretender grandes resultados en poco tiempo. Es muy difícil modificar radicalmente unos hábitos arraigados, por lo que lo ideal es pensar en pequeñas variaciones asumibles.
Si cambiamos poco a poco, el comprobar que vamos consiguiendo nuestros objetivos nos anima a continuar. Por el contrario, fracasar y echarlo todo por la borda con la rabia que produce de la impotencia nos deja peor de lo que estábamos.

No obstante, también es posible lograr un resultado sorprendente haciendo un pequeño cambio que modifique todo un sistema.

En coaching existe un instrumento muy conocido que facilita encontrar el punto que puede producir ese efecto palanca. Se denomina la Rueda de la Vida. Sirve para reflejar el estado actual de la persona en distintas áreas de su existencia y para concretar acciones de mejora.

Al tratarse de una herramienta muy gráfica, la persona tiene ante sí un diagrama fijo de su estado de vida, lo que le facilita la toma de conciencia y la reflexión. Más adelante puede volver a repetir la evaluación para constatar los progresos.

Al examinar los distintos ámbitos a la vez, se consigue a veces que un cambio pequeño en aquella zona donde el nivel de insatisfacción es más bajo recoloque todo lo demás.


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