Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Cada cosa, a su tiempo


Hay un tiempo para cada cosa. Lo dice la sabiduría ancestral. Y lo podemos comprobar en nuestras propias carnes si prestamos atención a nuestros estados internos, a nuestras emociones y sentimientos.

Una de las causas de desequilibrio emocional más frecuente reside en el hecho de creer que cualquier tiempo es bueno para todo. De modo que vivimos sin respetar los ciclos vitales.
 

Quien más quien menos, cualquiera conoce gente adulta que echa por la borda una estabilidad arduamente conseguida porque decide convertirse en adolescente y actuar en consecuencia. Por no hablar de quien vive eternamente en la niñez.

Las normas y las disciplinas gozan de escasa estima en nuestro entorno, pero son necesarias para llevar una vida ordenada que nos permita centrar todas las energías en nuestros objetivos vitales. Para algo estamos aquí. Cada cual tiene su cometido.

Nos desenvolvemos en una sociedad donde la publicidad nos vende que todo es posible. Que la felicidad está al alcance de la mano y consiste en vivir sensaciones fuertes (últimamente los anuncios utilizan mucho el recurso emocional) y conservar la juventud y la belleza exterior. Y se consigue que esto sea creíble a base de repetirlo.

De modo que ya no hay un tiempo para la niñez otro para la adolescencia, otro para la juventud, otro para la adultez y otro para la vejez. Ahora se puede detener el reloj de tiempo en la juventud a base de operaciones estéticas. Pero todo esto no deja de ser una ilusión, porque el organismo sigue su curso. Y también su acoplado, el psiquismo. Y es triste que apenas exista preocupación por la única belleza que puede y debe crecer con la edad, la interior.

Igualmente, se han trastocado los ritmos de la naturaleza en la agricultura. La mayoría desconoce cuáles son las frutas y verduras de temporada. Podemos comer lo que queramos en cualquier época del año. Lo que nos nutran o deleiten tales alimentos, eso ya es otra cosa.

Así que si queremos llevar una vida equilibrada en todos los sentidos es preciso  buscar a cada cosa su tiempo y su lugar. Disfrutemos de la niñez, la adolescencia, la juventud, la adultez y la vejez a tope. Pero pensando que cada etapa tiene su momento y sus posibilidades de plenitud. 



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lunes, 26 de diciembre de 2011

¿Consejos? Según y cómo



Consejos tengo… Si algo funciona poco con las personas es darles recomendaciones o decirles lo que tienen que hacer. Cuántas veces, después de intentarlo, se obtiene esta respuesta u otras parecidas: “La teoría ya me la sé”. Seguida de una actitud de cerrazón.

¿Por qué ocurre? Las personas adultas sólo aceptamos lecciones de otras cuando observamos que han aplicado con éxito lo que enseñan y si, en general, muestran una elevada coherencia entre sus palabras y sus hechos. Así que ¿Quién puede estar en condiciones de dar lecciones? Diferente es ofrecer un punto de vista cuando nuestra opinión es requerida.

Hay quien defiende que existen verdades objetivas que están por encima de las pequeñas verdades y experiencias particulares, y que deben enseñarse. Es posible. Se trata en todo caso de una cuestión de fe. De creer de antemano en esa aseveración.

Entonces ¿Cómo aconsejar a las personas? En el coaching (y yo creo que también en la vida) lo importante es escucharles con atención para permitir que se ausculten a sí mismas, para facilitarles un espacio de reflexión.

Si se dispone de habilidad, además, se les puede reorientar, cuando se pierden por los laberintos de la mente, para que retomen el hilo de los pensamientos y éstos resulten más productivos. Porque las personas llevan dentro de sí los recursos necesarios para hacer frente a los desafíos que les plantea la vida y saben mejor que nadie cómo encararlos de acuerdo a su forma de ser y circunstancias vitales.



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miércoles, 21 de diciembre de 2011

El chantaje emocional y sus máscaras


El chantaje emocional es moneda de uso corriente en las relaciones. Sobre todo en las afectivas y muy particularmente en las de pareja. La mayor parte de desencuentros y malentendidos entre dos tienen su origen en esta clase de actitud.

Todas las personas utilizamos, o lo hemos hecho alguna vez, esta forma de maltrato. Sutil o a veces descaradamente.

Cuando la manipulación es manifiesta, las intenciones saltan a la vista y, aunque atajarlo no es sencillo, porque nada que tenga que ver con lo emocional es fácil de gestionar, al menos se le puede intentar poner remedio antes de que el mal esté muy extendido.

El problema es cuando el chantaje se ejerce de forma inconsciente. Y es lo que suele ocurrir cuando las parejas creen que se llevan bien pero ven que hay algo oscuro, confuso, incluso siniestro, que enturbia su relación demasiado a menudo.

La solución en los dos casos es la misma: hay que romper ese círculo vicioso y funesto del “Quien te quiere te hará llorar”. ¿Cómo? Prestando atención a nuestras emociones (¡A las nuestras!) y pensamientos en todo momento para detectar cualquier señal de alarma y evitar que la otra persona consiga alterarnos y mucho menos condicionarnos. Tampoco esto es fácil. Hay que ejercitarse. Mindfulness (Atención Plena)


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lunes, 19 de diciembre de 2011

Para la mente la imaginación pesa más que la información


Tercera regla de la mente: Al tratar con nuestra mente o con la de otras personas, la imaginación es más poderosa que la información.

¿Nos hemos preguntado alguna vez cuánto de lo que pensamos tiene una base real? Es habitual escuchar que alguien nos diga: “Te he traído esto, pero ya sé que no te va a gustar”. Pero bueno, ¿Antes de que lo vea? Pues sí, así es como funciona la mente de muchas personas.

Otro ejemplo: “No me ha saludado, luego le caigo mal” ¿Estás segura? ¿Y si anda mal de la vista o simplemente no se ha dado cuenta o tenía un mal día y no le apetecía hacer caso a nadie, es decir, el asunto no va contigo?

Y esto no ocurre sólo cuando miramos al exterior, sino también cuando lo hacemos a nuestro interior: “No seré capaz”, “No le gusto”, “Siempre lo hago mal” etc. 

Nada de todo esto tiene base real. Estamos rellenando la falta de información con la imaginación. E interpretamos las acciones y las intenciones de modo normalmente erróneo. ¿Y ya que nos equivocarnos, por qué no lo haremos a nuestro favor?

Hay un instrumento en Programación Neurolingüística llamado ‘Brújula del Lenguaje”. Tomo este esquema del libro ‘Estrategias Mentales’ de Nelly Bidot y Bernard Morat, donde viene muy bien explicado. 

·         Al OESTE están las REGLAS: Enunciados del tipo “Esto no se hace”, “No hay que…”, “Hace falta…” ¿De dónde salen estas normas? ¿Quién lo dice?


·         Al ESTE, los JUICIOS: “Está bien/Está mal”, “Aquél es tonto”, “No hay derecho”... ¿Con qué argumentos se formulan estos juicios? 


·         Al SUR, las SUPOSICIONES: “Si le digo la verdad, me dejará de hablar”, “El le rechaza; no le dirige jamás la palabra”, “No voy a salir, igual me pasa algo”. Otra vez: ¿Qué realidades sostienen estas afirmaciones?


·         Al CENTRO,  las GENERALIZACIONES: “Siempre”, “Jamás”, “Todo el mundo”, “Las mujeres son así”, “A los hombres no hay quien los entienda”… ¿Siempre, siempre? ¿Jamás de los jamases? ¿Todas las mujeres? ¿Todos los hombres?

·         y al NORTE están LOS HECHOS: quién, qué, dónde, cuándo, cuánto, cómo.

Procuremos que la brújula de nuestro razonamiento apunte siempre hacia el Norte.


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viernes, 16 de diciembre de 2011

Los pensamientos y su influencia en el malestar

Uno de los principales factores de sufrimiento personal son los pensamientos recurrentes que nos agobian sin que muchas veces nos demos cuenta, ya que la mayor parte del día funcionamos en piloto automático.

Adquirir conciencia de esta realidad es el primer paso para modificarla y diluir ese malestar subjetivo.

La atención plena o mindfulness proporciona una serie de técnicas sencillas y asequibles a todo tipo de personas, independientemente de su edad o estado de salud, que ayudan a tomar distancia de las emociones y pensamientos. De hecho, en EE UU y otros países se está experimentando y demostrando su eficacia para mejorar el bienestar físico y mental.

El mindfulness no plantea eliminar los pensamientos, puesto que están ahí, son una realidad. Lo que trata es de enseñar a las personas a desidentificarse de ellos observándolos sin juzgar, como con mente científica. El principio es este: “Yo no soy mis pensamientos”. 

Asumiéndolo y ejercitándose en esas técnicas es posible disminuir su fuerza coactiva, con lo que la mente va ganando en capacidad para concentrarse y mantener la calma sin quedarse anclada en la rumia continua de alimentos que indigestan al sistema emocional.


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lunes, 12 de diciembre de 2011

¿Existe la mala suerte?


La realidad tiene, como mínimo, dos caras. Nada es lo que parece y todo anverso oculta su reverso. Y lo que en un momento dado parece un golpe de buena suerte puede devenir en sinsabor. No obstante, si tenemos algo que celebrar hagámoslo con conciencia y a conciencia. Vivamos el presente y saboreémoslo, sacándole todo el jugo posible a los buenos momentos.

Mirar la ‘cara B’ es sobre todo útil si algo se nos tuerce. Es francamente consolador examinar las posibles ventajas que el contratiempo nos brinda. Puede que no las percibamos en un primer momento, pero más adelante las veremos. Repasemos si no nuestras biografías y sus vicisitudes.

La vida reserva momentos buenos y malos a todas las personas. Lo más inteligente es evitar triunfalismos con los primeros y encarar los segundos en la mejor disposición. Esto último, por razones prácticas y por una verdad inexorable: no podemos escapar a la adversidad. ¡Y cuántos reveses hemos soportado muchas veces antes llegar a una situación óptima! Veamos esta vieja historia:

Un anciano labrador tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él, y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: «¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe? 

Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: «¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?». 

Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?».

 Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota le dejaron tranquilo. ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe? 

Así que ¡Animo a quienes están pasando por dificultades! Pensemos que al final el universo tiende al equilibrio y los seres humanos estamos interconectados con todas las realidades que lo componen. Formamos parte con ellas de un vasto, complejo y, sobre todo, organizado sistema.


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jueves, 8 de diciembre de 2011

Lo que esperas tiende a hacerse realidad



Ten cuidado con lo que deseas porque podrías conseguirlo. Esta frase, en sus distintas versiones, está incorporada al acervo popular y expresa la segunda regla de la mente: lo que esperas tiende a hacerse realidad.

Esto no tiene nada que ver con el pensamiento mágico o con lo que se denomina pensamiento positivo que asegura que las personas pueden lograr lo que se propongan por descabellado que sea o imposible que parezca. No consiste en aplicar un toque de varita mágica.

Quiere decir, más bien, que cuando ponemos interés en un objetivo, todas nuestras capacidades conscientes e inconscientes se ponen a su servicio. No es que lo hagan de por sí ni de forma inmediata. Somos nosotros/as quienes lo posibilitamos con nuestra intención. El propósito es el que moviliza nuestras mejores energías.

Cuando deseamos algo con todas nuestras fuerzas y cuando es factible conseguirlo con empeño y unas gotas de incertidumbre podemos concentrarnos sólo o preferentemente en ello. Lo hacemos desplegando nuestras creencias potenciadoras y apoyando en ellas nuestra motivación.

Si yo deseo algo pondré mis mejores cualidades en juego para conseguirlo y por un momento me olvidaré de aquello que me limita. La sabiduría popular conoce esto desde tiempos inmemoriales. El refranero nos enseña que quien la sigue la consigue y que la voluntad mueve montañas. De eso se trata.

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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Escribe el relato de tu vida

Antes de escribir un relato hay que pensar en su desarrollo completo: principio, argumento y fin. Es necesario tener una idea de lo que queremos contar para no desviarnos demasiado de nuestro objetivo o en caso de hacerlo poder retomar el hilo de la narración.

El planteamiento no por calculado deja de ser flexible. De ahí que el final pueda resultar diferente al que nos habíamos imaginado o incluso quedar abierto y necesitado de un nuevo desarrollo. Pero lo vamos materializando siempre con la guía del guión primero, así no nos alejaremos tanto de la línea argumental e impediremos el riesgo de perdernos.

Nuestra vida se compone de muchos relatos que se van sucediendo y componen el retablo de nuestra existencia. Y para que ésta transcurra de la manera más satisfactoria posible debemos escribir nuestras propias historias. De este modo dejaremos de estar a merced de la dirección de los vientos que soplan en cada momento y evitaremos protagonizar una odisea tras otra.

Pensemos un planteamiento, un nudo y un desenlace a todo aquello que nos propongamos hacer y vigilemos que los acontecimientos no alteren demasiado la trama del relato. Algo parecido a esto es elaborar un plan de acción en coaching.


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viernes, 2 de diciembre de 2011

Cómo traspasar los límites

Jon Karro.
Las personas podemos morir sin conocer nuestros límites. El conformismo se ve favorecido por un ambiente que nos hace cada vez más acomodaticios/as. Y por el dominio del pensamiento científico-racional, que tiende a etiquetarlo y clasificarlo todo disolviendo nuestra singularidad en el mar de las generalizaciones.

Sin embargo, en todas las épocas hay personas que nos demuestran que las metas están más allá incluso del sentido común. Que traspasarlas es cuestión de valentía, voluntad y, sobre todo, entusiasmo.

La gran bailaora de flamenco Cristina Hoyos relataba hace semanas en un documental los dolores que había tenido que soportar en sus ensayos e interpretaciones para conseguir la excelente técnica por la que se le reconoce mundialmente.

Más cerca, en nuestra comarca de Durangaldea, el atleta insulinodependiente Jon Karro acaba de ser premiado por su capacidad de esfuerzo y superación. Este joven no se ha resignado a vivir como un enfermo y mantiene una salud de hierro gracias al deporte. Y no se ha conformado con una modalidad cómoda o sosegada, no. Es un triatleta que bate marca tras marca, siempre en constante evolución. Recientemente protagonizó la hazaña de rodar 600 kilómetros en bicicleta durante 24 horas ininterrumpidas. Supo dosificar el esfuerzo -algo muy importante- y acabó bastante entero, pero tenía los glúteos machacados y arrastró molestias durante días.


Las personas somos capaces de mucho más de lo que pensamos: 


1-      Si sabemos lo que queremos.

2-      Si sabemos sostener un esfuerzo más allá de las primeras dificultades.

3-      Si sabemos vencer el miedo.


¿Y cómo se vence el miedo? Haciendo aquello que nos proponemos hacer aunque nos dé miedo. 

¿Y la vergüenza? Lo mismo.

¿Y la inseguridad? Igual.


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