Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

viernes, 30 de septiembre de 2011

El pensamiento condiciona nuestras acciones y emociones



“Quien siembra un pensamiento cosecha una emoción
  Quien siembra una emoción cosecha una acción
  Quien siembra una acción cosecha un hábito
  Quien siembra un hábito cosecha un carácter.
  Quien siembra un carácter cosecha un destino”

Según describe este viejo aforismo, todo lo que hacemos y sentimos; el cómo somos procede del pensamiento; más bien, de cómo pensamos, de cuáles son los mecanismos que activamos al hacerlo. 

Nuestra cultura occidental ha estado dominada, y todavía lo sigue estando, por la lógica binaria y excluyente: bueno/malo; blanco/negro etc.; y por la causalidad lineal, esto es, una causa produce un efecto, que a su vez es causa de otro efecto y así sucesivamente.

Esta forma de pensamiento tiene sus ventajas. Por ejemplo, nos permite dividir los problemas en partes para facilitar su resolución, lo que ha posibilitado grandes avances científicos. Pero también presenta inconvenientes: conduce al maniqueísmo con derivas tan peligrosas como el fanatismo y la exclusión, omnipresentes en nuestro entorno, acostumbrado a llevar la racionalidad al extremo, y a ignorar la vertiente emocional del ser humano.

Bastantes mentes creativas, para quienes esta lógica está ya superada, han importado de Oriente la visión de totalidad asociada a sus religiones y filosofías y han teorizado sobre el pensamiento sistémico. 

Este concepto hace referencia a las relaciones entre los elementos de un sistema y nos invita a liberarnos de la tiranía de la lógica binaria/excluyente para pasar a un entendimiento que integre los contrarios, las oposiciones, en una realidad nueva que acoja a todos sus componentes. 

Este método de razonamiento permite las sinergias, de las que se obtiene más que la suma de las partes, porque entre los elementos individuales aparecen otros inesperados. Posibilita la conjunción de ideas, de puntos de vista, de habilidades, de caracteres, y la interacción de todos los elementos entre sí, con lo que todo puede ser a la vez causa y efecto.

En este esquema, el éxito en cualquier empresa no depende de la competencia de cada sujeto sino de la eficiencia en las relaciones entre las partes. El orden sistémico, además, posibilita la creatividad y la innovación, porque no se cierra a nada y lo considera todo y, antes de descartar cualquier contribución, la examina a fondo y se queda con lo bueno.


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martes, 27 de septiembre de 2011

Eliminar pensamientos-basura

Imagen: Oscar León. Trashlifestyle 2.0





Hay buenos pensamientos y malos pensamientos. Los buenos pensamientos son los que nos hacen sentirnos plenos, positivos, motivados. Los malos pensamientos nos limitan y nos atrapan sumiéndonos en la angustia. 

 Los malos pensamientos o pensamientos-basura suponen entelequias a las que nos aferramos y que nos provocan sufrimiento. Pueden consistir en ideas que expresan juicios a personas o críticas a nosotros/as mismos/as. O pueden perseguir deseos u objetivos que no dependen de uno/a mismo/a.

Cuando una persona queda atrapada en un círculo vicioso de ‘pensamiento basura’-malestar es incapaz de sentirse bien con nada. Lo más importante es darse cuenta de que esto sucede y ponerle remedio. La solución es centrarse en uno mismo sin vivir pendiente de los demás y saborear el presente, es decir, concentrarse en lo que nos traemos entre manos en cada momento.

Y este ‘entre manos’ es literal. Fijémonos en dónde las tenemos puestas cuando estamos haciendo algo, observemos con atención la posición cambiante de los dedos, tomemos conciencia de los músculos que se activan en cada movimiento, sintiendo el tacto del objeto sobre el que están posados. Pensemos en todo lo que nuestras manos nos permiten hacer… Hagámoslo como si en ese momento no hubiera nada más importante ni urgente. Con total curiosidad.

Otra opción es poner los sentidos en el acto de respirar, el fluir de la inspiración y la espiración. Esa oscilación que nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte tiene también la capacidad de anclarnos al momento presente en cuanto posamos nuestra atención sobre ella.

No es fácil vivir con consciencia. Toda una vida de pensamiento y movimiento en piloto automático no se cambia de la noche a la mañana, pero ejercitándose un poco cada día pueden conseguirse resultados sorprendentes. Y es que el bienestar no es algo que se nos regale. Hay que conquistarlo cada segundo, cada día. 

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jueves, 22 de septiembre de 2011

Y tú, ¿cómo aprendes?


El científico estadounidense Gregory Bateson  estableció cuatro niveles de aprendizaje.

Nivel 0
Un acto reflejo produce una misma respuesta automática ante un estímulo.


Nivel 1
Aprendizaje condicionado. Como en el experimento de los perros de Pavlov, que salivaban ante la presencia de una secuencia rítmica que anunciaba la comida.


Nivel 2
El aprendizaje en un contexto se traslada a otros por generalización. Si aprendo a tocar una guitarra, puedo tocar otra.


Nivel 3
Transformación de las mentalidades y comportamientos.  Requiere una nueva forma de contemplar la realidad y es la única manera de superar sufrimientos, contradicciones y bloqueos en el nivel anterior. Aquí, la persona, con ayuda de un/a coach, aprende a acceder a niveles más profundos de conciencia que le permiten elegir la respuesta más adecuada en una situación determinada entre un abanico de posibilidades.  No hay actitudes ni comportamientos buenos o malos en sí mismos. Más bien, oportunos o inoportunos. Enfadarse, por ejemplo, puede ser necesario en ciertas ocasiones, pero totalmente inadecuado en otras. El llegar a este nivel exige una reeducación emocional y es absolutamente imprescindible para saber manejarse en cualquier situación de la vida.


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martes, 20 de septiembre de 2011

Cómo afrontar la frustración




El bloqueo ante una tarea o un reto procede de la confusión, que nos impide ver con más perspectiva. Normalmente su causa es el miedo, el miedo a ‘fracasar’, más en concreto; y su resultado, la frustración.
Antes de entrar a considerar eventuales remedios, me gustaría decir algo sobre el fracaso. ¿Qué es el fracaso? La mayoría diría posiblemente que no lograr un objetivo, por ejemplo, aprobar un examen o varios; o que un esfuerzo no sea reconocido, es decir, no se vea recompensado.

Es de lo más normal suspender un examen si no se ha estudiado. ¿Qué otra cosa se puede esperar, salvo que “suene la flauta”? Porque si se ha hecho un esfuerzo, nunca será baldío. Lo sabe la propia persona interesada. Aprobará la próxima vez que se presente. Y si no hay próxima vez, lo aprendido y la propia energía aplicada le quedarán como bagaje. Afortunadamente, la vida ofrece muchas oportunidades.

En cuanto a la ausencia de reconocimiento, la alternativa más saludable es, simplemente, competir con uno/a mismo/a. Intentar mejorar continuamente en nuestros desempeños y aprovechar cualquier oportunidad para aprender. Para empezar, el superarnos cada día, nos da más fuerza para seguir haciéndolo. Y el buen trabajo acaba siendo siempre reconocido. Es sólo cuestión de tiempo y de encontrar el terreno y la ocasión propicios.

Ser conscientes de estas cosas, ayuda a ampliar la perspectiva en épocas de confusión, y también a afrontar los miedos.

En el día a día puede resultar útil:

  • Hacer una lista de tareas por orden de prioridad. Establecer con cada una de ellas la fecha de finalización prevista y anotar el día en que están terminadas.
  • Planificar por escrito cada semana, concretando qué es importante hacer en los próximos días, qué es prioritario y qué podemos aplazar.
Y para el largo plazo:
  •  Aclarar cuáles son nuestros valores, es decir, lo qué es importante para nosotros/as, hacer una lista y colocarlos en orden prioritario. Cuando sintamos algo como un fracaso, comprobemos si hemos fallado a nuestros valores. En caso afirmativo, podemos empezar a preocuparnos. Si no, es cuestión de seguir intentándolo. No siempre puede salir todo perfecto y los obstáculos brindan la posibilidad de aprender (también sobre nuestras posibilidades y limitaciones) y de estar atentos/as a nuevas oportunidades.
  •  Hacer una previsión a medio y largo plazo de los objetivos que nos proponemos alcanzar. Quedarnos en el corto plazo reduce el ángulo y la amplitud de la visión. Los supuestos “fracasos” no suelen ser más que tropiezos en el camino. El horizonte está mucho más allá.
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sábado, 17 de septiembre de 2011

Encontrar nuestra diferencia


¿Nos hemos preguntado alguna vez cuánto de lo que pensamos responde a lo políticamente correcto y es producto de la presión del entorno, familiar o social?

Aprender es investigar por nuestra cuenta. Saltar por encima del muro de las convenciones para averiguar que hay detrás. Lo cual produce inevitablemente cierto vértigo. Como todo lo incierto, todo lo nuevo.

Aprender, saber, es algo muy diferente a reproducir ideas de otras personas, darles unas vueltas en la coctelera y reciclarlas. Implica experimentar, vivir, interiorizar y recrear (que no es lo mismo que “refritar”) viejas ideas y alumbrarlas con la luz surgida de nuestro interior, de nuestra propia sabiduría.

La sabiduría es producto de una rápida conexión entre emociones y razón, lo que posibilita que ésta atempere rápidamente los fuegos de las vísceras, restaurando el equilibrio y la calma. Se cultiva educando las emociones para que, en su correcta expresión e interpretación, amplíen los sentidos del razonamiento, en lugar de oscurecerlo.

La calma nos proporciona la tranquilidad suficiente para asimilar mejor cualquier contenido. Y nos dota de criterio para, partiendo de caminos que otros/as han recorrido, elegir nuestros propios senderos. Es así como alcanzamos nuestro valor añadido.

Aporto aquí un ejercicio de autocontrol emocional para gente apresurada. Dura tres minutos y se puede repetir tantas veces al día como se vea venir cualquier alteración significativa de ánimo.

Sentadas/os en una silla con la espalda recta,

1er minuto: Observar las emociones y pensamientos justo en ese momento.

2º minuto: Observar cómo se mueve el abdomen al inspirar e espirar a un ritmo respiratorio normal.

3er minuto: Localizar las sensaciones que la emoción ha dejado en el cuerpo.


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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Nuevas soluciones a los problemas

Las ideas fijas nos impiden avanzar, dotar de matices a nuestro pensamiento, nuestra personalidad, nuestra creatividad, nuestra forma de encarar los problemas y obtener soluciones a los mismos. Quizás si nos tomamos diez segundos para pensar concluyamos que esto no supone ninguna novedad. Lo que tal vez sí represente una novedad es constatar que casi todo lo que pasa por las cabezas son ideas fijas, no sólo una parte. Son creencias. Creencias que nos limitan en la medida en que nos incapacitan para ver más allá de nuestras narices.

¿Viejos esquemas? Sí, todo esquema se hace viejo en cuanto tratamos de impedir que algo penetre por sus poros. Pensemos cuánto de todo lo que pensamos encaja en esta particular definición. La mente es una gran engañadora que nos hace creer que si nos aferramos a las falsas seguridades que ella nos proporciona, estaremos a resguardo de cualquier contratiempo.Y lo que consigue es hacernos más insensibles, más rígidos/as y proporcionarnos más angustia cada día. Lo único que nos aporta seguridad y cobijo son los valores y éstos no residen en la mente, sino en el corazón.

Las creencias nos hacen incapaces de apreciar cualquier novedad que pase a nuestro lado, nos impiden ver con ojos nuevos lo que se repite cada día, nos imposibilitan aprender de cualquier persona, nos alejan de los demás. Nos roban la posibilidad de ser diferentes y sentirnos vivos/as a cada momento agradeciendo lo que nuestras relaciones nos aportan y nos desvelan sobre la vida y nosotros/as mismos/as.

Dicho esto, voy a proponer un ejercicio para desentumecer las neuronas, favorecer la flexibilidad mental y buscar nuevas formas de obtener soluciones: tomemos nueve puntos y tratemos de unirlos todos con cuatro líneas rectas sin pasar dos veces por encima de uno de ellos y sin levantar el lápiz o bolígrafo del papel.

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jueves, 8 de septiembre de 2011

Cultivar la motivación y la perseverancia


Muchas personas buscan actividades que les motiven de forma permanente. Ya de entrada, hay que dejar claro que eso, sencillamente, no existe. Somos como somos y el cerebro está siempre ávido de novedades. 

Pasamos de una afición a otra, de una relación a otra, de un aspecto físico a otro, porque lo que tenemos durante un tiempo nos acaba aburriendo. Lo mismo pasa con las rutinas del trabajo o del estudio. Seguimos siendo los niños y niñas que una vez fuimos. Aunque esto sólo es así en apariencia, puesto todo cambia constantemente y nada es igual de un segundo a otro. 

Pero mientras no estemos ejercitadas/os en ver la vida con ojos renovados, ¿cómo motivarnos? Depende de cada cual. Pero, en mi opinión, hay cosas que se pueden hacer para tratar de encontrar respuesta a esa pregunta. 

Sin embargo, dado que no podemos vivir siempre en la cresta de la ola, ya que en este universo que habitamos todo es cíclico y también existen los valles y las simas, quizás nos sería de ayuda formular la cuestión de otra manera. Por ejemplo, ¿qué nos ayuda a perseverar?. 

Ahí van algunas ideas. 

  • Tener claras las recompensas al esfuerzo que estamos invirtiendo. No sólo las futuras, sino también las actuales. Hemos de aprender a saborear nuestros éxitos cada día.
  • Descubrir cuáles son nuestros principios y valores, y buscar cómo honrarlos a través de todo lo que hacemos. Tenerlos siempre presentes nos sostiene en los momentos de desánimo y hastío.
  • Decidir qué podemos hacer de único o excepcional y centrarnos en aquello que sabemos hacer bien. Para averiguarlo, debemos hacernos las preguntas adecuadas.
  • Saber cuál es nuestro papel en el trabajo, en nuestra familia, en la sociedad… Determinar lo que se conoce como el “propósito de vida”.
  • Reemplazar las creencias limitantes acerca de nuestras propias capacidades por creencias potenciadoras. Tenemos posibilidades infinitas. Muchas más de lo que pensamos.
  • Fijarse un plan para conseguir los objetivos que nos conduzcan al éxito. Diario, semanal, mensual, anual…y revisarlo y actualizarlo constantemente para que no quede sólo sobre el papel.


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martes, 6 de septiembre de 2011

Aprender más y mejor



Investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro determinan que recordamos aquello que nos impresiona, nos divierte, nos inspira… aunque el aprendizaje es una cuestión bastante complicada que depende de muchos factores, como la motivación, el temperamento, el carácter, las oportunidades…

De todo lo que sabemos, la mayor parte es inconsciente, desde la respiración hasta las ideas que nos surgen como de la nada. Gracias a ello sobrevivimos, ya que la información que almacena nuestra parte consciente es muy limitada. 

Aprender nos permite aumentar nuestra eficacia y utilizar mejor el tiempo de que disponemos, pero cada persona tiene sus propias necesidades y modos de hacerlo, según sus capacidades, voluntad, estímulos…

Pero tan importante como lo que favorece el aprendizaje, por ejemplo la motivación o una buena organización, es prestar atención a lo que lo bloquea. A aquellos elementos que pueden dificultar el rendimiento en los estudios o el trabajo, como las inseguridades y baja autoestima, los miedos, los nervios, la ansiedad, la falta de apoyo o del método adecuado…

Las técnicas de la Programación Neurolinguística posibilitan reeducar los hábitos y conductas, así como las emociones, para obtener una mayor eficiencia en los estudios y el trabajo, a través de la motivación, la relajación, la supresión de los miedos, la autoconfianza…

Se trata de cambiar los viejos esquemas por otros nuevos. Pero sin entrar en aquello que causa las dificultades sino planteando un escenario futuro y poniendo todas las energías en alcanzarlo. Trabajando siempre en positivo. 
El coaching, por su parte, ayuda a fijar los objetivos y los pasos hacia ellos, planificar las tareas, priorizar las acciones en función de su importancia, determinar el grado de satisfacción en distintas áreas o aclarar la vocación profesional.

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jueves, 1 de septiembre de 2011

Cómo hacer eficaces nuestros propósitos





El nuevo curso, al igual que el comienzo del año, marca un hito en el replanteamiento de nuestra vida y objetivos. No me cansaré de advertir que este trabajo siempre es muy particular, a la medida de cada persona. Si existieran recetas universales, el coaching no se habría inventado.


Es innegable que hay factores que nos ayudan a disfrutar, sin excepción, de una existencia más feliz, tales como gozar del cariño de las personas que queremos, tener un trabajo donde podamos desarrollar nuestro potencial o creer que nuestra vida tiene sentido. La cuestión es cómo cada cual obtiene todo esto. Los caminos, las posibilidades, las aptitudes o recursos, las carencias… son muy personales. El objetivo puede estar claro, pero no tanto el camino para llegar a él.


Volviendo al periodo que ahora se abre, una vez terminadas las vacaciones oficiales; a este preciso momento que, como cada minuto de nuestra vida, está lleno de posibilidades, hay herramientas de coaching que pueden ayudarnos a hacer más eficaces nuestros propósitos.


Voy a presentar la denominada ‘Objetivos y Compromisos’. 


Tomemos una hoja y un papel y hagamos dos columnas. Encabecemos una de ellas con la palabra ‘Objetivos’ y la otra con ‘Compromisos’. 


¿Qué es un objetivo? Es una meta concreta y medible a la que se le puede fijar un plazo. Por ejemplo, adelgazar equis kilos en tal período o aprobar un examen en una fecha.


Los compromisos son objetivos más generales para mejorar nuestra calidad de vida. Uno podría ser esforzarnos por mostrar nuestra cara más amable con todas las personas que nos rodean o vivir una vida más saludable cuidando la alimentación y haciendo ejercicio. 


Lo importante en esta tarea es:
  • Sentarse y ponerse a pensar para evitar la improvisación en cuestiones fundamentales.
  • Plasmarlo por escrito ayuda a recordar (nuestra memoria es muy frágil).
  • Planificar todo aquello que se puede (objetivos) o simplemente orientarnos en la dirección correcta (compromisos) para dar el giro pertinente a nuestra vida, aparcando hábitos y creencias que tuvieron validez un tiempo, pero que ya están caducados.


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