Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

jueves, 25 de agosto de 2011

Cuando oímos, ¿escuchamos?



Ahora que tenemos tiempo, podemos aprovechar la calma de las vacaciones para aprender a escuchar. Escuchar implica prestar atención a lo que se oye. Si nos fijamos, en casi toda discusión, aspecto que ocupa la mayor parte de nuestras conversaciones, nos mostramos, a veces, poco atentos/as y abiertos/as a comprender lo que dicen los demás, porque ocupamos la mente preparando nuestra argumentación para contraatacar a la primera de cambio. Esto es más evidente cuando creemos tener cierto poder sobre la otra persona.

Invito a hacer el siguiente ejercicio para comprobar cómo lo que acabo de exponer es cierto. Cuando hablamos con una persona que se embala en una larga serie de explicaciones, hagámosle una pregunta y comprobaremos que no interrumpe el hilo de su argumentación. Parecerá que ni siquiera nos ha oído.
Es así como transcurren la mayor parte de los intercambios verbales en medio de nuestras rutinas diarias, y como se producen los desencuentros y malentendidos. No escuchamos.

Según la Programación Neurolingüística (PNL), cuando nos comunicamos (o lo intentamos) con otra u otras personas, toda la información que falta en el mensaje que recibimos la rellenamos con nuestras propias ideas de las cosas. Por tanto, cuando algo que nos cuentan no nos ha quedado suficientemente claro, no dudemos en preguntar hasta completar las ideas que se nos quieren transmitir con los datos que nos proporciona la otra persona.

Esto es lo principal pero, además, pueden ser útiles actitudes como las siguientes:

1-Poner todos los sentidos en lo que nos cuentan. No sólo el oído sino también la vista para observar los signos no verbales y el “olfato” o intuición para añadir matices a lo que recibimos por otras vías.

2- Escuchar sin prejuicios ni ideas preconcebidas. Se trata de comprender a quien tenemos delante, no de hacer valer nuestras opiniones.

3- Evitar hacer conjeturas que contengan únicamente nuestro punto de vista. Las apreciaciones subjetivas sólo sirven para quien las emite. Cada persona tiene sus propias razones, motivaciones y circunstancias, y por tanto sus propios caminos y salidas. 

4- Ser conscientes de nuestros propios pensamientos y emociones para intentar que la escucha sea lo más desapasionada posible y esté centrada en los pensamientos y emociones de nuestro interlocutor/a.


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jueves, 18 de agosto de 2011

Procura "ser" en lugar de sólo "hacer"


Las vacaciones son momento para descansar y, como se suele decir, para recargar las pilas. Acumular energía con la que seguir desempeñando nuestras obligaciones a la vuelta. Pero esto es la teoria. Porque en la práctica, resulta difícil desconectarse de la dinámica estresante del día a día. Y no me refiero al típico empresario/a o ejecutivo/a que tiene que seguir vinculado/ a su despacho desde su chalé de la playa o la montaña. Pienso en una persona trabajadora a quien le resulta difícil desprenderse de los automatismos habituales y ni en vacaciones se muestra capaz de parar. De dedicarse a ser, en lugar de a hacer, hacer y hacer.

Se pierde así una oportunidad preciosa para redescubrirse y, si llega el caso, reinventarse, ya que estas épocas  prolongadas de parón son las únicas de todo el año que nos brindan la oportunidad de conocernos un poco más, observar nuestras reacciones a los distintos estímulos e interacciones humanas, comprobar nuestras capacidades y límites, y conectar con nuestros deseos, aspiraciones, motivaciones, metas… con aquello que somos de verdad, más allá de nuestras creencias, prejuicios y temores.

Este tipo de exploración resulta de suma utilidad para comprender hasta qué punto aquello que nos irrita, nos desalienta o nos estimula; o incluso lo que nos hace avanzar procede de nuestro propio interior y está absolutamente bajo nuestro control. Lo que nos puede ayudar a tomar las riendas de nuestras propias vidas para dirigirlas hacia objetivos que sean exclusivamente nuestros y de nadie más.

Ahora que much@s tenemos la oportunidad de disfrutar un poco más de la naturaleza, tomémonos tiempo para observar a las plantas, los animales, las montañas. En su aparente quietud, nos instruyen en el arte de simplemente "ser".


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jueves, 11 de agosto de 2011

Cambia si quieres evolucionar


Cuando vivimos cualquier situación como un conflicto, significa que algo hay que cambiar. Sobre todo, si la experiencia se repite. Da igual que ocurra en las relaciones familiares, laborales, sentimentales o con uno/a mismo/a. El trasfondo es el mismo.

Los seres humanos estamos hechos para cambiar. Por eso estamos dotados de un órgano rector, el cerebro, de una plasticidad impresionante y siempre en busca de nuevos estímulos. Hay quien suple esa ansia cambiando de coche, de casa, de pareja…y ni así acaba satisfecho. El motivo es que sigue siendo la misma persona. Sólo ha variado su  apariencia.

¿Por qué nos resistimos al cambio? Lo hacemos en la creencia de que nos irá peor. La humanidad ha sido testigo de estrepitosos fracasos en las sucesivas fases de nuestra historia, pero el bienestar actual como especie no habría sido posible sin las necesarias mudanzas. Por eso estamos donde estamos. En eso consiste la evolución.

Claro que nuestra civilización tampoco está exenta de vergüenzas. La pobreza está ahí. Miremos a donde miremos. En las suburbios de las ciudades más prósperas y en los países más míseros. Pero es que no hay luz sin sombra y esto mismo es aplicable a nuestra vida. A cualquier momento de nuestra existencia. Por tanto, ¿para qué resistirse a dar el siguiente paso una vez esto se convierte en una necesidad vital?

Verdad es que resulta temerario lanzarse a la aventura, sobre todo si las consecuencias pueden perjudicarnos a nosotros y nuestro entorno. Pero, si no es éste el caso y se tiene claro el objetivo, sólo falta buscar el momento oportuno y lanzarse a por todas con ganas y determinación. Al fin y al cabo, el secreto del éxito, decía Churchill con humor, “consiste en pasar de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.

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jueves, 4 de agosto de 2011

¿Qué está bien? ¿Qué está mal?



Discernimiento es la capacidad de distinguir la diferencia entre dos cosas. Equivale a criterio. Hace medio siglo, existían unas rígidas normas religiosas y sociales que ayudaban a tener claro lo que estaba bien y lo que estaba mal. Otros decidían y pensaban por nosotros y quien no se conformaba no tenía más remedio que acatar, emigrar o caer en la marginación.

Hoy, en cambio, ese mundo en blanco y negro ha dejado paso a un escenario lleno de grises. Mejor aún, pleno de colores, donde cualquier opción es posible. Y sin ‘Gran Hermano’ que nos vigile y dicte las pautas que hemos de seguir, muchas personas dudan qué decisiones tomar en cuestiones importantes, por ejemplo, cómo encauzar a unos hijos e hijas que no responden a sus expectativas, qué hacer con una pareja que parece no funcionar o qué estudios o profesión elegir.

Los coaches recibimos a muchas personas que no aciertan a responder a estos retos y demandan una ayuda externa para clarificar ideas y entrar en acción, pues cuando llegan a nosotros sus requerimientos no suelen admitir demoras.

¿Cómo saber qué hacer en cada momento?

  • La persona tiene que decidir qué quiere de verdad. Esto no suele resultar siempre fácil, pero con la ayuda de distintas herramientas de coaching y PNL puede despejar poco a poco sus titubeos.
  • Enumerar sus valores, pues ellos son los que guiarán sus actuaciones.
  • Jerarquizarlos, ya que caso de conflicto primarán los más importantes.
  • Poner en marcha un detallado plan de acción que le sirva de referencia y le ayude a motivarse.

En algunos casos, es suficiente con trabajar con los valores, aprender a escuchar de forma activa a las personas con quienes convivimos para saber cómo se comunican y qué nos demandan, y ejercitarnos en cambiar nuestro ángulo de percepción para ampliar la perspectiva de la realidad que percibimos, de “nuestra” realidad.


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