Música del blog: Jaroussky ('"Si pietoso")

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Cada cosa, a su tiempo


Hay un tiempo para cada cosa. Lo dice la sabiduría ancestral. Y lo podemos comprobar en nuestras propias carnes si prestamos atención a nuestros estados internos, a nuestras emociones y sentimientos.

Una de las causas de desequilibrio emocional más frecuente reside en el hecho de creer que cualquier tiempo es bueno para todo. De modo que vivimos sin respetar los ciclos vitales.
 

Quien más quien menos, cualquiera conoce gente adulta que echa por la borda una estabilidad arduamente conseguida porque decide convertirse en adolescente y actuar en consecuencia. Por no hablar de quien vive eternamente en la niñez.

Las normas y las disciplinas gozan de escasa estima en nuestro entorno, pero son necesarias para llevar una vida ordenada que nos permita centrar todas las energías en nuestros objetivos vitales. Para algo estamos aquí. Cada cual tiene su cometido.

Nos desenvolvemos en una sociedad donde la publicidad nos vende que todo es posible. Que la felicidad está al alcance de la mano y consiste en vivir sensaciones fuertes (últimamente los anuncios utilizan mucho el recurso emocional) y conservar la juventud y la belleza exterior. Y se consigue que esto sea creíble a base de repetirlo.

De modo que ya no hay un tiempo para la niñez otro para la adolescencia, otro para la juventud, otro para la adultez y otro para la vejez. Ahora se puede detener el reloj de tiempo en la juventud a base de operaciones estéticas. Pero todo esto no deja de ser una ilusión, porque el organismo sigue su curso. Y también su acoplado, el psiquismo. Y es triste que apenas exista preocupación por la única belleza que puede y debe crecer con la edad, la interior.

Igualmente, se han trastocado los ritmos de la naturaleza en la agricultura. La mayoría desconoce cuáles son las frutas y verduras de temporada. Podemos comer lo que queramos en cualquier época del año. Lo que nos nutran o deleiten tales alimentos, eso ya es otra cosa.

Así que si queremos llevar una vida equilibrada en todos los sentidos es preciso  buscar a cada cosa su tiempo y su lugar. Disfrutemos de la niñez, la adolescencia, la juventud, la adultez y la vejez a tope. Pero pensando que cada etapa tiene su momento y sus posibilidades de plenitud. 



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lunes, 26 de diciembre de 2011

¿Consejos? Según y cómo



Consejos tengo… Si algo funciona poco con las personas es darles recomendaciones o decirles lo que tienen que hacer. Cuántas veces, después de intentarlo, se obtiene esta respuesta u otras parecidas: “La teoría ya me la sé”. Seguida de una actitud de cerrazón.

¿Por qué ocurre? Las personas adultas sólo aceptamos lecciones de otras cuando observamos que han aplicado con éxito lo que enseñan y si, en general, muestran una elevada coherencia entre sus palabras y sus hechos. Así que ¿Quién puede estar en condiciones de dar lecciones? Diferente es ofrecer un punto de vista cuando nuestra opinión es requerida.

Hay quien defiende que existen verdades objetivas que están por encima de las pequeñas verdades y experiencias particulares, y que deben enseñarse. Es posible. Se trata en todo caso de una cuestión de fe. De creer de antemano en esa aseveración.

Entonces ¿Cómo aconsejar a las personas? En el coaching (y yo creo que también en la vida) lo importante es escucharles con atención para permitir que se ausculten a sí mismas, para facilitarles un espacio de reflexión.

Si se dispone de habilidad, además, se les puede reorientar, cuando se pierden por los laberintos de la mente, para que retomen el hilo de los pensamientos y éstos resulten más productivos. Porque las personas llevan dentro de sí los recursos necesarios para hacer frente a los desafíos que les plantea la vida y saben mejor que nadie cómo encararlos de acuerdo a su forma de ser y circunstancias vitales.



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miércoles, 21 de diciembre de 2011

El chantaje emocional y sus máscaras


El chantaje emocional es moneda de uso corriente en las relaciones. Sobre todo en las afectivas y muy particularmente en las de pareja. La mayor parte de desencuentros y malentendidos entre dos tienen su origen en esta clase de actitud.

Todas las personas utilizamos, o lo hemos hecho alguna vez, esta forma de maltrato. Sutil o a veces descaradamente.

Cuando la manipulación es manifiesta, las intenciones saltan a la vista y, aunque atajarlo no es sencillo, porque nada que tenga que ver con lo emocional es fácil de gestionar, al menos se le puede intentar poner remedio antes de que el mal esté muy extendido.

El problema es cuando el chantaje se ejerce de forma inconsciente. Y es lo que suele ocurrir cuando las parejas creen que se llevan bien pero ven que hay algo oscuro, confuso, incluso siniestro, que enturbia su relación demasiado a menudo.

La solución en los dos casos es la misma: hay que romper ese círculo vicioso y funesto del “Quien te quiere te hará llorar”. ¿Cómo? Prestando atención a nuestras emociones (¡A las nuestras!) y pensamientos en todo momento para detectar cualquier señal de alarma y evitar que la otra persona consiga alterarnos y mucho menos condicionarnos. Tampoco esto es fácil. Hay que ejercitarse. Mindfulness (Atención Plena)


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lunes, 19 de diciembre de 2011

Para la mente la imaginación pesa más que la información


Tercera regla de la mente: Al tratar con nuestra mente o con la de otras personas, la imaginación es más poderosa que la información.

¿Nos hemos preguntado alguna vez cuánto de lo que pensamos tiene una base real? Es habitual escuchar que alguien nos diga: “Te he traído esto, pero ya sé que no te va a gustar”. Pero bueno, ¿Antes de que lo vea? Pues sí, así es como funciona la mente de muchas personas.

Otro ejemplo: “No me ha saludado, luego le caigo mal” ¿Estás segura? ¿Y si anda mal de la vista o simplemente no se ha dado cuenta o tenía un mal día y no le apetecía hacer caso a nadie, es decir, el asunto no va contigo?

Y esto no ocurre sólo cuando miramos al exterior, sino también cuando lo hacemos a nuestro interior: “No seré capaz”, “No le gusto”, “Siempre lo hago mal” etc. 

Nada de todo esto tiene base real. Estamos rellenando la falta de información con la imaginación. E interpretamos las acciones y las intenciones de modo normalmente erróneo. ¿Y ya que nos equivocarnos, por qué no lo haremos a nuestro favor?

Hay un instrumento en Programación Neurolingüística llamado ‘Brújula del Lenguaje”. Tomo este esquema del libro ‘Estrategias Mentales’ de Nelly Bidot y Bernard Morat, donde viene muy bien explicado. 

·         Al OESTE están las REGLAS: Enunciados del tipo “Esto no se hace”, “No hay que…”, “Hace falta…” ¿De dónde salen estas normas? ¿Quién lo dice?


·         Al ESTE, los JUICIOS: “Está bien/Está mal”, “Aquél es tonto”, “No hay derecho”... ¿Con qué argumentos se formulan estos juicios? 


·         Al SUR, las SUPOSICIONES: “Si le digo la verdad, me dejará de hablar”, “El le rechaza; no le dirige jamás la palabra”, “No voy a salir, igual me pasa algo”. Otra vez: ¿Qué realidades sostienen estas afirmaciones?


·         Al CENTRO,  las GENERALIZACIONES: “Siempre”, “Jamás”, “Todo el mundo”, “Las mujeres son así”, “A los hombres no hay quien los entienda”… ¿Siempre, siempre? ¿Jamás de los jamases? ¿Todas las mujeres? ¿Todos los hombres?

·         y al NORTE están LOS HECHOS: quién, qué, dónde, cuándo, cuánto, cómo.

Procuremos que la brújula de nuestro razonamiento apunte siempre hacia el Norte.


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viernes, 16 de diciembre de 2011

Los pensamientos y su influencia en el malestar

Uno de los principales factores de sufrimiento personal son los pensamientos recurrentes que nos agobian sin que muchas veces nos demos cuenta, ya que la mayor parte del día funcionamos en piloto automático.

Adquirir conciencia de esta realidad es el primer paso para modificarla y diluir ese malestar subjetivo.

La atención plena o mindfulness proporciona una serie de técnicas sencillas y asequibles a todo tipo de personas, independientemente de su edad o estado de salud, que ayudan a tomar distancia de las emociones y pensamientos. De hecho, en EE UU y otros países se está experimentando y demostrando su eficacia para mejorar el bienestar físico y mental.

El mindfulness no plantea eliminar los pensamientos, puesto que están ahí, son una realidad. Lo que trata es de enseñar a las personas a desidentificarse de ellos observándolos sin juzgar, como con mente científica. El principio es este: “Yo no soy mis pensamientos”. 

Asumiéndolo y ejercitándose en esas técnicas es posible disminuir su fuerza coactiva, con lo que la mente va ganando en capacidad para concentrarse y mantener la calma sin quedarse anclada en la rumia continua de alimentos que indigestan al sistema emocional.


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lunes, 12 de diciembre de 2011

¿Existe la mala suerte?


La realidad tiene, como mínimo, dos caras. Nada es lo que parece y todo anverso oculta su reverso. Y lo que en un momento dado parece un golpe de buena suerte puede devenir en sinsabor. No obstante, si tenemos algo que celebrar hagámoslo con conciencia y a conciencia. Vivamos el presente y saboreémoslo, sacándole todo el jugo posible a los buenos momentos.

Mirar la ‘cara B’ es sobre todo útil si algo se nos tuerce. Es francamente consolador examinar las posibles ventajas que el contratiempo nos brinda. Puede que no las percibamos en un primer momento, pero más adelante las veremos. Repasemos si no nuestras biografías y sus vicisitudes.

La vida reserva momentos buenos y malos a todas las personas. Lo más inteligente es evitar triunfalismos con los primeros y encarar los segundos en la mejor disposición. Esto último, por razones prácticas y por una verdad inexorable: no podemos escapar a la adversidad. ¡Y cuántos reveses hemos soportado muchas veces antes llegar a una situación óptima! Veamos esta vieja historia:

Un anciano labrador tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él, y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: «¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe? 

Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte. Este les respondió: «¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?». 

Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?».

 Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota le dejaron tranquilo. ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe? 

Así que ¡Animo a quienes están pasando por dificultades! Pensemos que al final el universo tiende al equilibrio y los seres humanos estamos interconectados con todas las realidades que lo componen. Formamos parte con ellas de un vasto, complejo y, sobre todo, organizado sistema.


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jueves, 8 de diciembre de 2011

Lo que esperas tiende a hacerse realidad



Ten cuidado con lo que deseas porque podrías conseguirlo. Esta frase, en sus distintas versiones, está incorporada al acervo popular y expresa la segunda regla de la mente: lo que esperas tiende a hacerse realidad.

Esto no tiene nada que ver con el pensamiento mágico o con lo que se denomina pensamiento positivo que asegura que las personas pueden lograr lo que se propongan por descabellado que sea o imposible que parezca. No consiste en aplicar un toque de varita mágica.

Quiere decir, más bien, que cuando ponemos interés en un objetivo, todas nuestras capacidades conscientes e inconscientes se ponen a su servicio. No es que lo hagan de por sí ni de forma inmediata. Somos nosotros/as quienes lo posibilitamos con nuestra intención. El propósito es el que moviliza nuestras mejores energías.

Cuando deseamos algo con todas nuestras fuerzas y cuando es factible conseguirlo con empeño y unas gotas de incertidumbre podemos concentrarnos sólo o preferentemente en ello. Lo hacemos desplegando nuestras creencias potenciadoras y apoyando en ellas nuestra motivación.

Si yo deseo algo pondré mis mejores cualidades en juego para conseguirlo y por un momento me olvidaré de aquello que me limita. La sabiduría popular conoce esto desde tiempos inmemoriales. El refranero nos enseña que quien la sigue la consigue y que la voluntad mueve montañas. De eso se trata.

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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Escribe el relato de tu vida

Antes de escribir un relato hay que pensar en su desarrollo completo: principio, argumento y fin. Es necesario tener una idea de lo que queremos contar para no desviarnos demasiado de nuestro objetivo o en caso de hacerlo poder retomar el hilo de la narración.

El planteamiento no por calculado deja de ser flexible. De ahí que el final pueda resultar diferente al que nos habíamos imaginado o incluso quedar abierto y necesitado de un nuevo desarrollo. Pero lo vamos materializando siempre con la guía del guión primero, así no nos alejaremos tanto de la línea argumental e impediremos el riesgo de perdernos.

Nuestra vida se compone de muchos relatos que se van sucediendo y componen el retablo de nuestra existencia. Y para que ésta transcurra de la manera más satisfactoria posible debemos escribir nuestras propias historias. De este modo dejaremos de estar a merced de la dirección de los vientos que soplan en cada momento y evitaremos protagonizar una odisea tras otra.

Pensemos un planteamiento, un nudo y un desenlace a todo aquello que nos propongamos hacer y vigilemos que los acontecimientos no alteren demasiado la trama del relato. Algo parecido a esto es elaborar un plan de acción en coaching.


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viernes, 2 de diciembre de 2011

Cómo traspasar los límites

Jon Karro.
Las personas podemos morir sin conocer nuestros límites. El conformismo se ve favorecido por un ambiente que nos hace cada vez más acomodaticios/as. Y por el dominio del pensamiento científico-racional, que tiende a etiquetarlo y clasificarlo todo disolviendo nuestra singularidad en el mar de las generalizaciones.

Sin embargo, en todas las épocas hay personas que nos demuestran que las metas están más allá incluso del sentido común. Que traspasarlas es cuestión de valentía, voluntad y, sobre todo, entusiasmo.

La gran bailaora de flamenco Cristina Hoyos relataba hace semanas en un documental los dolores que había tenido que soportar en sus ensayos e interpretaciones para conseguir la excelente técnica por la que se le reconoce mundialmente.

Más cerca, en nuestra comarca de Durangaldea, el atleta insulinodependiente Jon Karro acaba de ser premiado por su capacidad de esfuerzo y superación. Este joven no se ha resignado a vivir como un enfermo y mantiene una salud de hierro gracias al deporte. Y no se ha conformado con una modalidad cómoda o sosegada, no. Es un triatleta que bate marca tras marca, siempre en constante evolución. Recientemente protagonizó la hazaña de rodar 600 kilómetros en bicicleta durante 24 horas ininterrumpidas. Supo dosificar el esfuerzo -algo muy importante- y acabó bastante entero, pero tenía los glúteos machacados y arrastró molestias durante días.


Las personas somos capaces de mucho más de lo que pensamos: 


1-      Si sabemos lo que queremos.

2-      Si sabemos sostener un esfuerzo más allá de las primeras dificultades.

3-      Si sabemos vencer el miedo.


¿Y cómo se vence el miedo? Haciendo aquello que nos proponemos hacer aunque nos dé miedo. 

¿Y la vergüenza? Lo mismo.

¿Y la inseguridad? Igual.


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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Decide o alguien lo hará por ti


Tomar decisiones es algo complicado a veces, pero imprescindible. Hay que tener en cuenta las circunstancias propias y las de las personas o cosas a las que vayamos a afectar.

En ocasiones, da la impresión de que si no hacemos nada mantenemos el equilibrio. Lo pensamos incluso cuando nuestra armonía está en precario.  Navegar las olas de nuestras tempestades nos resulta tan familiar que nos imaginamos que cualquier viraje hacia aguas más tranquilas puede alterar nuestro ‘statu quo’. Entonces nos autoconvencemos de que estamos bien así, aunque nos encontremos a punto de ahogarnos.

¿Por qué ocurre esto? Porque no sabemos manejar la incertidumbre o porque no somos capaces de conectar con nuestras emociones. También porque tememos el conflicto. Todo ello impide decidir, avanzar hacia alguna parte.

¿Y qué pasa cuando no decidimos? Pues que alguien lo hace por nosotros/as. Fijémonos en la cantidad de gente que se queja de que su vida está manejada por terceras personas o por algo tan difuso como las circunstancias. La solución no es otra que disponer ellas mismas sobre sus necesidades, propósitos y acciones.

Pero para ello, naturalmente, hay que saber remover esos obstáculos que acabo de comentar. Es preciso tener capacidad de manejar la incertidumbre y el conflicto, y sensibilidad para conectar con nuestro estado emocional.

La mejor o peor desenvoltura en estas habilidades depende del carácter y el temperamento. Pero se pueden trabajar y mejorar con interés y una cierta disciplina.


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viernes, 25 de noviembre de 2011

Cómo ayudar a las personas en sus dificultades

Foto: Eduardo Plaza Noya
El coaching no es nada nuevo. Es el acompañamiento que se ha practicado toda la vida de modo informal, pero convertido ahora en disciplina, con su metodología, sus herramientas y sus estilos.
Los maestros en el acompañamiento han sido tradicionalmente los jesuitas, que se han dedicado a forjar espíritus durante siglos y, últimamente, sobre todo a modelar vidas, aunque es difícil marcar el límite entre vida y espíritu, pues están en estrecha relación.

Cuento esto porque ayer tuve el placer de charlar con uno de ellos por motivos profesionales. Le hice una entrevista con motivo de un premio –uno más entre otros muchos- que le acaban de conceder. Se trata de Juanjo Moreno, un hombre que ha dejado huella en el pueblo, en Durango (ahora vive en Tudela), por las numerosas iniciativas que ha impulsado, pero sobre todo por la muchísima gente a la que ha ayudado a dar lo mejor de sí.

El, que no es coach, sabe mucho de esto, porque el coaching trata precisamente de aquello en lo que él es diestro: ayudar a otros/as  a configurar la mejor versión de sí mismos/as.

Me decía que cuando se quiere ayudar a alguien a superar sus dificultades, hay que reforzarle siempre sus aspectos positivos pidiéndole continuamente que dé ese pequeño paso hacia la mejora que es capaz de dar. Naturalmente, la persona tiene que tener la certeza de que confías en sus capacidades. Así adquirirá seguridad en sus competencias y entonces podremos pedirle voluntad en aquello en lo que es menos hábil y se esforzará por responder.

Excelente síntesis de lo que es la relación de ayuda, a cargo de un maestro con décadas de experiencia como profesor-tutor, como entrenador y promotor del baloncesto local, como responsable de un centro de acogida a inmigrantes y tantas otras facetas suyas.

La diferencia con el coaching es que él ha podido forjar esa confianza en el contacto cotidiano con las personas, mientras que en la práctica de esta disciplina nos valemos de unas herramientas y unos ejercicios que ayudan a acelerar los progresos entre una serie de sesiones intermitentes. Aunque, naturalmente, el proceso no se acaba cuando se dejan de aplicar las técnicas. Lo que la persona ha descubierto sobre sus capacidades le sirve para toda la vida.


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martes, 22 de noviembre de 2011

Dos opciones ante la crisis

Estamos en crisis. Parece que sin remedio y por algún tiempo. Y tenemos dos opciones: lamentarnos y asustarnos, o intentarle sacar provecho a la situación.

Analicemos este veredicto: “La comodidad es el cementerio de la conciencia” (Sri Adi Dadi). Como asegura ese manido adagio que cloquea cada cierto tiempo y viene a martillearnos ahora de nuevo, las crisis son momento de oportunidades. De despertar la conciencia individual y social.

Cuando todo parece ir bien, no se siente la necesidad de cambiar. Tiene que ocurrir algo que nos agite y nos remueva; que nos desinstale de la rutina. Los hábitos son el principal enemigo del cambio, dice un máxima de la PNL.

Las crisis, cuando decidimos afrontarlas con valentía, exigen caminar sobre ascuas con la respiración contenida sin escatimar el alto coste personal que ello supone en voluntad y determinación para construir (o reconstruirnos) sobre las ruinas que, como huracanes, las dificultades dejan a su paso.

Lo bueno es que el esfuerzo contiene en sí la propia recompensa: llegar al final del túnel nos abre a nuevas perspectivas, eleva nuestra conciencia (o la conciencia colectiva) a un plano superior donde los horizontes son mucho más amplios y los muros se convierten en ladrillos con los que podemos comenzar a edificar de nuevo.


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jueves, 17 de noviembre de 2011

Las emociones negativas son como perros rabiosos

"Susto de un toro por un perro rabioso". DIEGO ISAIAS HERNANDEZ (pintor guatemalteco)

Dicen que cuando un perro rabioso detecta el miedo de una persona, lo más seguro es que le muerda. Para hacerle frente, conviene quedarse firme como un árbol, con los brazos pegados al cuerpo y, si el ataque se produce, lo mejor es cerrarse en ovillo, a modo de erizo, protegiendo las zonas más vulnerables.
 
Así funcionan también emociones paralizantes como el miedo, el dolor, la tristeza o la vergüenza. Cuanto más violentamente reaccionamos ante ellas, más fuerte es el ataque que nos devuelven. Cuanto más nos esforzamos por alejarlas de nuestras vidas, más se obstinan en estar presentes. Como una pelota lanzada con fuerza contra la pared de un frontón que vuelve y nos golpea a traición en cuanto le damos la espalda: efecto ‘boomerang’.
 
Lo mismo que con un perro con ganas de pelea, lo mejor que podemos hacer con este tipo de emociones es sentirlas, aguantarlas, proteger nuestros flancos débiles y trascenderlas o, en su caso, hacer lo posible por ignorarlas. Sólo así perderán fuerza y acabarán desvaneciéndose. Es casi seguro que vuelvan a visitarnos, pero al menos nos procuraremos una tregua que nos permitirá hacernos un poco más fuertes.
 
Como sentencia un, para mí, tan brillante como pesimista bloguero (Sebastián Agulló): “La existencia huele la fortaleza de quien le mira con desdén”.


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lunes, 14 de noviembre de 2011

Cuatro preguntas para un cambio

El miedo es nuestro principal obstáculo cuando nos enfrentamos a cualquier cambio en la vida. Sobre todo si el paso que vamos a dar entraña riesgos y más aún si lo que ponemos en juego es importante o nos ha costado mucho conseguirlo. Por ejemplo, la seguridad económica.

No cabe duda de que ante una decisión de esta trascendencia hay que medir bien los pasos, prever las consecuencias y escoger el momento oportuno para lanzarse. Toda prevención es poca.

Sin embargo, a veces la prudencia se confunde con el desánimo cuando quien se erige en consejero es el saboteador o saboteadora que vive en nuestras cabezas. Podemos ser presas entonces de temores infundados o fantasmas que si no son conjurados nos pueden llevar fácilmente a desistir de nuestros mejores propósitos.

Un buen antídoto es hacerse cuatro preguntas que nos aclaren el escenario en que nos movemos y las posibles perspectivas. Son las siguientes:

-Si me lanzo al cambio previsto, ¿qué es lo mejor que me puede pasar? ¿Qué es lo peor que me puede pasar?

-Si me quedo como estoy, ¿qué es lo mejor que me puede pasar? ¿Y lo peor?

Respondiendo a estas sencillas cuestiones de forma realista tendremos una visión más objetiva acerca de las posibilidades que las distintas alternativas nos ofrecen.




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jueves, 10 de noviembre de 2011

Comprometerse es imprescindible para prosperar


Prosperar en cualquier reto que se emprenda en la vida pasa por el compromiso. Imaginemos una relación de pareja donde sus componentes no se sienten comprometidos. ¿Qué ocurrirá? Cada quien hará más o menos su vida y apenas actividades en común. El vínculo se irá debilitando y un pequeño tropiezo supondrá un terremoto que puede acabar quebrando la confianza mutua tal vez de forma irreversible. En cambio, si se sienten comprometidos compartirán el máximo de su tiempo (siempre respetando la autonomía y personal) y sentirán un respaldo y comprensión mutuas que casi nada podrá perturbar. Con lo cual, de paso, todas sus energías podrán concentrarse en afrontar los desafíos que la vida les presente.

En cualquier proyecto la mecánica es la misma. ¿Cuál es el primer paso? Compromiso, porque el compromiso permite concentrar en la idea el esfuerzo y determinación necesarios para materializarla. En estas condiciones, es muy difícil que no prospere. Pero si así fuera y cuando lo hemos dado todo, ¿qué más podemos hacer? Al menos, nos quedará la tranquilidad de haber hecho lo que estaba en nuestras manos y mantendremos intacta esa capacidad de esfuerzo y compromiso para ponerlas al servicio del próximo reto.


La cuestión ahora es cómo entablar un compromiso. A mi entender, no hay otra forma que hacer un acto racional de asentimiento, una vez sopesado lo que el paso que vamos a dar aporta a nuestra vida y a nuestro desarrollo como personas. Se trata de decirnos: “Esto es lo que quiero, esto es lo que me da estabilidad y me permite crecer, lo hago mío, adelante”.  ¿Y qué pasa con el corazón? Acabará alineándose con la razón si es que no lo ha hecho de antemano.  

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martes, 8 de noviembre de 2011

Todo pensamiento causa una reacción física



Esta es la primera de las ocho reglas de la mente, cuyos orígenes se pierden en la historia de la Programación Neurolingüística (PNL).

Todo pensamiento causa una reacción física. En efecto, imaginemos que sentimos hambre y nos representamos mentalmente un plato de nuestro gusto. Lo más probable es que comencemos a salivar. Pensemos en algo que nos agrada intensamente. Inmediatamente notaremos sensaciones placenteras en distintas zonas de nuestro cuerpo. Evoquemos, por el contrario, en una situación enojosa. Las tensiones se harán presentes.

Esto no tendría mayor interés si no fuera porque a un estímulo le sigue siempre una misma reacción cuando es consecuencia de una experiencia emocional intensa. Y es que si el impacto es muy fuerte, ese reflejo queda grabado en el inconsciente y se reproduce cada vez que nos encontramos ante el mismo mecanismo disparador.
 
Ante una preocupación, lo más habitual es que sintamos una sensación desagradable en el estómago. Si la inquietud es constante, se produce una tensión que a la larga puede superar nuestro límite de estrés tolerable y causarnos una úlcera o algo peor. ¿Y todo por qué? Porque nuestro cerebro no conoce otra manera de reaccionar ante ese estímulo.

La solución pasa por ‘reprogramarnos’ para dotar a nuestro inconsciente de otras posibilidades que neutralicen la reacción causa-efecto habitual. Podemos enseñarle, por ejemplo, a mantener la calma en medio de las turbulencias.


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viernes, 4 de noviembre de 2011

Intenta manejar tus emociones negativas




Las emociones son impresiones que emite el cuerpo para identificar nuestros estados de ánimo y comprendernos mejor. Pero son sólo eso, señales. Nosotros no somos la emoción, aunque frecuentemente se confundan ambas cosas, ser y emoción, hasta el punto de no saber dónde termina uno y comienza la otra.

Las sensaciones que recorren nuestro cuerpo representan una inteligencia complementaria a la que aporta la razón. Nos revelan qué situaciones o actividades favorecen nuestro bienestar. Por eso es importante observarlas. Pero más importante aún es examinarlas con frialdad, con interés científico. Tratar de esto modo con las emociones nos ayudará a ‘encajar’ mejor los momentos negativos.

Para ilustrarlo, pongamos un ejemplo: Te levantas de la cama un poco aturdida y con prisas, como todas las mañanas, y de repente te golpeas en una parte del cuerpo con el ángulo de un mueble. Sientes el dolor, contienes la respiración pero sigues inspirando y espirando, mientras tu mente se centra en los asuntos urgentes.

Traslademos esto ahora a otra situación. Estás en una cafetería charlando con tu pareja y te dice que le resulta muy difícil convivir contigo. Te tensas, una dolor te atenaza el pecho. Te sientes amenazado/a. La emoción invade todo tu ser y tu mente anticipa situaciones que desconoces si se van a producir, cayendo en una espiral de angustia... hasta que símplemente dejas de escuchar.

¿Qué hacer? Bien, puedes actuar como en el caso anterior. Respira hondo, siente lo que sientes y al mismo tiempo escucha con atención. Quizás lo que te está diciendo tu pareja te haga comprender por qué piensa como piensa. Después, si mantienes la calma, podrás exponer tu punto de vista y quizás atenuar ese malestar, y quién sabe si hasta acabar transformándolo en una vivencia positiva.

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martes, 1 de noviembre de 2011

¿Dónde está el límite entre la vida y la muerte?



Aprovecho que hoy se celebra la festividad de Todos los Santos para hacer algunas reflexiones sobre la muerte. Esa realidad que la sociedad se empeña en ignorar, según se dice, a pesar de que nos rodea por todas partes: vidas que se acaban por un proceso natural, vidas que son arrebatadas violentamente…

No sé si se rechaza o no la muerte, pero es evidente que suscita un temor generalizado. Quizás porque es mal o poco comprendida. La mayoría de las personas piensan que el vivir es un estado y el morir otro; que se pasa abruptamente de uno a otro, como en un salto al vacío, y que hay un muro que los separa.

Yo prefiero pensar que la vida y la muerte son un parte de mismo proceso. Que empezamos a morir en el mismo instante en que nacemos y lo vamos haciendo de forma imparable hasta que el espíritu deja de animar nuestro organismo con el último aliento. ¿Morir es sólo tomar el último aliento y quedar bloqueados como un viejo mecanismo por una avería irreversible? Me parece muy poca cosa ante algo tan trascendente.

Morimos también muchas veces a lo largo de las etapas de nuestra existencia. Cada vez que cambiamos de mentalidad, de oficio, de estudios, de estado sentimental, de ciudad. Entonces, algo que ya no volverá a ser se queda en el camino. Igual que ocurre cuando nuestro auténtico yo emerge un poco más para desprenderse de lo engañoso y superficial.

Por último, ¿dejamos de vivir cuando entramos en situación de encefalograma plano? Para las tradiciones religiosas, vivimos antes de nacer y lo hacemos después de morir. ¿Qué sentido tendría la muerte, entonces? Precisamente, buscarle sentido a la vida. Saber vivir y conjugar la provisionalidad con la permanencia, la finitud con la eternidad, lo importante con lo nimio, lo que nos aflige con lo que nos hace felices.

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viernes, 28 de octubre de 2011

Consejos para maleducar

historiasdelahistoria.com





Acabo de rescatar un decálogo antieducativo que circula por Internet. Establece cómo no se debe de educar a los hijos e hijas. La imagen que lo acompaña (ver arriba) me ha hecho reflexionar sobre el cambio que se ha producido en una generación en la relación de los padres con el profesorado. Me refiero a la devaluación del papel de esta figura ante unos progenitores que muchas veces se creen más competentes que los propios profesionales para evaluar y juzgar los resultados académicos.

Son frecuentes las quejas de profesores y profesoras por el cuestionamiento de su labor por parte de padres y madres. Esto, lejos de beneficiar a las criaturas que, sin criterio para discernir, se crecen en su insolencia, lo que hace es repercutir en un deterioro de la convivencia escolar.

Siempre ha habido y los habrá profesores/as indeseables y desequilibrados/as, que cometerán injusticias pero, como en todo, serán contados. Precisamente, hablamos de una ocupación en la que las motivaciones de quienes la ejercen suelen ser de todo menos egoístas o narcisistas. Si aceptamos que hay profesiones ‘de servicio’, ésta es una de ellas.

Ahí va el decálogo. Quizás una reflexión sobre su contenido aporte también algo al clima de entendimiento y convivencia que debe presidir un espacio tan importante para el desarrollo humano como el escolar.

  1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que le pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.
  2. No le dé ninguna educación en valores; espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
  3. Cuando diga palabrotas, ríaselas; esto le animará a hacer cosas más graciosas.
  4. No le reprenda nunca ni le diga que está mal algo de lo que hace, podría crearle complejo de culpabilidad.
  5. Recoja todo lo que él deje tirado y hágaselo todo. Así se acostumbrará a cargar las responsabilidad sobre los demás.
  6. Déjele ver todo cuanto caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados pero deje que su mente se llene de basura.
  7. Dispute y riña a menudo con su pareja en presencia de su hijo. Así adquirirá una práctica eficaz en sus relaciones afectivas de futuro.
  8. Dele todo el dinero que quiera gastar, no vaya a sospechar que para disponer de dinero es necesario trabajar.
  9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El esfuerzo personal podría producirle frustraciones.
  10. Delegue en los profesores su educación pero no la autoridad. Póngase de parte de su hijo en cualquier conflicto con sus educadores. Piense que ellos tienen prejuicios contra él y realmente le tienen manía.

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martes, 25 de octubre de 2011

Las ventajas de sentirse mal


Muchas personas acuden a un/a coach porque:

1-      Quieren mejorar sus vidas y tienen ya una idea al respecto. 

2-      Directamente, se sienten indispuestas con frecuencia y manifiestan que quieren abandonar ese    estado, aunque no saben cómo hacerlo. 

Ambas comparten un cierto malestar. Pero las primeras lo colocan en segundo plano, porque lo que les mueve es el afán de avanzar. Y, aunque no lo muestran de inmediato, expresan antes o después algún grado de sufrimiento, pues no hace falta cambiar nada si todo va bien.

Las segundas suelen aparecer envueltas en una confusión mental y emocional que les impide ver con claridad.
Hay otra diferencia importante entre unas y otras. Quienes saben qué quieren pero no cómo lo quieren (las primeras),  sólo encuentran beneficios prácticos en  mantener su situación actual (disfrutar de una situación económica o de un status determinado, por ejemplo). Por el contrario, quienes están mal y desconocen el origen de su desasosiego, suelen persistir en sus actitudes por el beneficio que obtienen de esa situación; por las denominadas “ganancias secundarias”.

Parece difícil pensar que pueda haber alguna ventaja en estar mal, pero, de hecho, es así. La Programación Neurolingüística sostiene que todas nuestras conductas persiguen un efecto positivo. Por ello, las actitudes autosaboteadoras  suelen estar arraigadas en una necesidad inconsciente que necesita ser satisfecha. Normalmente, recibir afecto y reconocimiento.

El camino al bienestar pasa (subrayo ‘pasa’) por encontrar maneras más constructivas de conseguir esas ganancias secundarias. Por ejemplo, modificar hábitos como tomarse un zumo en lugar de un cigarro como excusa para hacer un alto en el trabajo; o encontrar un oído atento en momentos de confusión, en lugar de atiborrarse a comida, alcohol u otros estimulantes. Los resultados llegan después de un trabajo personal de reestructuración de hábitos y cambios de creencias.

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viernes, 21 de octubre de 2011

Cómo influimos en el ambiente



Tendemos muchas veces a achacar nuestros males al ambiente que nos rodea, como si nosotros/as no formáramos parte del ecosistema en el que nos desenvolvemos. Cuando lo que es cierto es que el entorno nos influye de la misma forma que repercutimos en él. El resto de las personas afecta a nuestro estado y viceversa.

La física cuántica ha establecido que la observación no es un acto neutral, sino que el observador influye sobre lo observado. El japonés Masaru Emoto experimentó como afectan a las moléculas del agua distintas vibraciones asociadas a palabras y emociones. El resultado fue que los mensajes y emociones positivos cristalizaban en formas armónicas y bellas, mientras que ideas como “odio” o “guerra” lo hacían en formas oscuras y amorfas.


La intención en lo que hacemos es importante. Las tradiciones filosóficas y religiosas creen que da forma a nuestras palabras y acciones, y condiciona así nuestro bienestar o infelicidad. No olvidemos que el 70% del cuerpo es agua. 



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miércoles, 19 de octubre de 2011

Las penas y agravios ocupan lugar

Las penas, los dolores, los agravios, aunque son elementos sutiles, también ocupan un lugar. Lo hacen cuando nos aferramos a ellos sin ninguna razón evidente.

¿En qué nos benefician? No lo sabemos, pero ahí los tenemos cual tesoros en nuestro corazón.
Me refiero a las heridas por agravios (reales o supuestos) recibidos. Por hechos o palabras ajenas que (quizás) no hemos interpretado bien o a las que le hemos dado una importancia desmedida. Tanta que los llevamos clavadas en la memoria y en nuestra estructura emocional sin que el tiempo pueda desactivar su efecto mortífero.

Mortífero porque mata un poco nuestra alegría de vivir y limita la posibilidad que tenemos de disfrutar de la vida en el único momento en que podemos hacerlo: el aquí y el ahora.

El desasosiego es acumulativo. Uno se suma a otro, a otro… Y si la copa rebosa, cualquier circunstancia insignificante puede desbordarla, para nuestra sorpresa y bochorno.

Soltemos esos dolores y esas penas sin fundamento. Dejemos a un lado los sufrimientos innecesarios que ocupan un lugar inmerecido en nuestro corazón y dejemos espacio para aquellas situaciones penosas que en toda vida toca vivir y que no podemos rehuir.


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viernes, 14 de octubre de 2011

Vivir en el centro




El estrés nos dificulta afrontar los retos de cada día con la claridad mental y la serenidad que quisiéramos. Necesitamos vivir centrados y no siempre lo conseguimos. A veces, sólo raramente.

No es infrecuente que muy a menudo demos una contestación precipitada e irreflexiva de la que luego nos arrepentimos, o que interpretamos en un sentido equivocado las palabras ajenas. 

Esto tiene mucho que ver con emociones y pensamientos que nos “atrapan” y nos ofuscan. Con estados internos que nos nublan el pensamiento. 

Podemos manejar nuestros estados internos con la PNL. Esta disciplina ofrece muchas herramientas que nos permiten sentir al momento nuestras emociones y tomar distancia para que no interfieran en nuestra conciencia del momento. 

Por su parte, el manejo de los pensamientos requiere una reestructuración de los circuitos que éstos siguen en nuestro intelecto. Hay personas que se pierden con su discurso por los vericuetos de la mente y son incapaces de regresar luego al punto de partida. 

Les resulta tan difícil pensar como comunicarse verbalmente. Su lógica desordenada les aboca a creencias limitantes que en la medida que se van desactivando y superando ayudan a articular una mente más metódica.

No obstante, existe un método muy efectivo que, ejercitándolo adecuadamente, nos permite encontrar nuestro centro personal y, desde él, observar la vida. Nos facilita contemplar los pensamientos y emociones con la distancia suficiente como para manejarlos sin que sean ellos quienes nos dominen. Este método es el “mindfulness” o técnicas de reducción de estrés basadas en la atención plena.

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martes, 11 de octubre de 2011

Cómo comunicar de forma eficiente



Influir sobre las personas no es manipularlas, sino comunicarse con ellas de una forma eficiente.

La comunicación  no son sólo palabras, aunque normalmente acaparan toda la atención. La comunicación es también lenguaje no verbal. Aun más, es sobre todo lenguaje no verbal.

Muchos problemas de comunicación suceden porque concedemos al lenguaje verbal más importancia de la que tiene. Algunos especialistas aseguran que, del conjunto de la comunicación, un 93 % se expresa sin palabras y sólo el 7% es lenguaje verbal.


Sean exactos o aproximados estos porcentajes, lo cierto es que las palabras constituyen una herramienta de comunicación de primer orden, pero a la vez muy limitada en cuanto a su capacidad de comunicar una experiencia. Pensemos, por ejemplo, en lo difícil que es expresar los sentimientos, eso que tan bien saben hacer los y las poetas.
 

Los poetas son artistas en la utilización de imágenes para provocar el efecto deseado. Su capacidad es poco corriente. Así que hay experiencias que nos resultará muy difícil de transmitir. Si a esto le añadimos posibles limitaciones para ordenar el discurso convenientemente, el asunto se complica.

Comunicar de forma eficiente no es tarea fácil. Pero lo es menos aún si no prestamos atención al lenguaje no verbal. Si no paramos y callamos para ver, escuchar y sentir la reacción a nuestro discurso de quien tenemos enfrente o al lado. Para comprobar si se nos está entendiendo bien o tenemos algo que rectificar o aclarar. Esto último debería pedírnoslo la otra persona, pero puede que no lo haga y se lleve una impresión errónea y, si prestamos atención a sus expresiones, detectaremos sus dudas. 

La lógica causal-binaria. Necesitamos una perspectiva integradora que nos permita atender a lo que la persona “dice” con sus palabras; a lo que “quiere decir” y a lo que nos comunican el tono de su voz, sus gestos y su posición corporal; y, por último, al marco que rodea a la conversación. Todo ello al mismo tiempo. ¿Malabarismo perceptivo? De entrada, sí. Pero con práctica todo se aprende.

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jueves, 6 de octubre de 2011

La realidad la construyes tú

Art by Anna Shapiro

Hay un famoso dicho de la PNL que sostiene: ‘El mapa no es el territorio’. Esto significa que la forma en que ‘leemos’ la realidad no es la realidad misma. Cada persona tiene su mapa, lo que nos lleva a la conclusión de que las lecturas de una misma realidad son múltiples.

Comparémoslo con lo siguiente: Imaginemos los distintos tipos de mapas que se fabrican: mapa físico, mapa político, topográfico… A escala 1:50; a escala 1:50.000… Y las discusiones que pueden suscitar sus diferencias: “Mira, al lado de Bilbao está Durango”. “No, no, ese pueblo no existe; pero al ladito al ladito está Burgos”. “¿Cómo que no existe Durango? En mi mapa aparece” “Pues en el mío, no”…


Esto es lo que nos suceden muchas veces cuando cotejamos nuestras visiones de un mismo escenario con el reflejo que éste ha recibido en otras mentes. Y es que la realidad la construye cada cual por medio de simples o complejas operaciones mentales.


Muchas veces pensamos que lo que nos diferencia de los demás son la edad, la ideología, el nivel educativo o cultural, el estatus socioeconómico, etc. Si bien todas estas circunstancias configuran visiones particulares de la realidad, incluso tipos de caracteres, lo que más nos distancia de nuestros semejantes es ese mapa con el que leemos lo que nos rodea y que, al ser único en cada cual, nos dificulta el entendimiento con personas de nuestro grupo social, incluso de nuestro círculo más íntimo. 


La cosa se agrava cuando creemos que nuestro mapa es el único que existe; que es la realidad misma, y que las cosas han de hacerse a nuestra manera porque es la única manera posible.
La PNL ofrece múltiples herramientas que posibilitan, primero, tomar conciencia de esta situación y, después, adaptar nuestras visiones a otras realidades; aprender a leer otros mapas.


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martes, 4 de octubre de 2011

Los demás no son responsables de mis males


Las personas tenemos una tendencia natural a echar a los demás la culpa de lo que nos pasa. Incluso de nuestros fallos. Según esta lógica, estamos siempre a merced del prójimo, a quien le otorgamos un inmenso poder sobre nuestras vidas, ya que lo que sentimos y lo que somos dependerá de su voluntad, y no de la nuestra.


Pero esto, afortunadamente, es sólo un espejismo. Somos responsables de nuestro estado de ánimo y nuestra actitud. Siempre podemos elegir sentirnos bien o sentirnos mal. Una postura ante la vida u otra.
Seguramente, todos los males que imaginamos procedan de nuestro interior y tengan poco que ver con los comportamientos y reacciones ajenas. 


Párate un momento y hazte las siguientes preguntas para averiguar si estás cayendo en las trampas de tu mente y el sufrimiento emocional que experimentas es producto de esa circunstancia:

-¿Estoy siendo catastrofista, imaginando la peor de las posibilidades?

-¿Estoy magnificando lo negativo y perdiendo de vista lo positivo?

-¿Me estoy responsabilizando de los problemas ajenos?

-¿Estoy siendo demasiado rígida/o y perfeccionista y me machaco ante el más mínimo desliz?

-¿”Sé” lo que piensan otras personas por sus actuaciones sin tener ninguna evidencia de ello? 

Si la respuesta a muchas de ellas es “sí”, tal vez necesitas la ayuda de un proceso de coaching para poner en orden tu mente.


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viernes, 30 de septiembre de 2011

El pensamiento condiciona nuestras acciones y emociones



“Quien siembra un pensamiento cosecha una emoción
  Quien siembra una emoción cosecha una acción
  Quien siembra una acción cosecha un hábito
  Quien siembra un hábito cosecha un carácter.
  Quien siembra un carácter cosecha un destino”

Según describe este viejo aforismo, todo lo que hacemos y sentimos; el cómo somos procede del pensamiento; más bien, de cómo pensamos, de cuáles son los mecanismos que activamos al hacerlo. 

Nuestra cultura occidental ha estado dominada, y todavía lo sigue estando, por la lógica binaria y excluyente: bueno/malo; blanco/negro etc.; y por la causalidad lineal, esto es, una causa produce un efecto, que a su vez es causa de otro efecto y así sucesivamente.

Esta forma de pensamiento tiene sus ventajas. Por ejemplo, nos permite dividir los problemas en partes para facilitar su resolución, lo que ha posibilitado grandes avances científicos. Pero también presenta inconvenientes: conduce al maniqueísmo con derivas tan peligrosas como el fanatismo y la exclusión, omnipresentes en nuestro entorno, acostumbrado a llevar la racionalidad al extremo, y a ignorar la vertiente emocional del ser humano.

Bastantes mentes creativas, para quienes esta lógica está ya superada, han importado de Oriente la visión de totalidad asociada a sus religiones y filosofías y han teorizado sobre el pensamiento sistémico. 

Este concepto hace referencia a las relaciones entre los elementos de un sistema y nos invita a liberarnos de la tiranía de la lógica binaria/excluyente para pasar a un entendimiento que integre los contrarios, las oposiciones, en una realidad nueva que acoja a todos sus componentes. 

Este método de razonamiento permite las sinergias, de las que se obtiene más que la suma de las partes, porque entre los elementos individuales aparecen otros inesperados. Posibilita la conjunción de ideas, de puntos de vista, de habilidades, de caracteres, y la interacción de todos los elementos entre sí, con lo que todo puede ser a la vez causa y efecto.

En este esquema, el éxito en cualquier empresa no depende de la competencia de cada sujeto sino de la eficiencia en las relaciones entre las partes. El orden sistémico, además, posibilita la creatividad y la innovación, porque no se cierra a nada y lo considera todo y, antes de descartar cualquier contribución, la examina a fondo y se queda con lo bueno.


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martes, 27 de septiembre de 2011

Eliminar pensamientos-basura

Imagen: Oscar León. Trashlifestyle 2.0





Hay buenos pensamientos y malos pensamientos. Los buenos pensamientos son los que nos hacen sentirnos plenos, positivos, motivados. Los malos pensamientos nos limitan y nos atrapan sumiéndonos en la angustia. 

 Los malos pensamientos o pensamientos-basura suponen entelequias a las que nos aferramos y que nos provocan sufrimiento. Pueden consistir en ideas que expresan juicios a personas o críticas a nosotros/as mismos/as. O pueden perseguir deseos u objetivos que no dependen de uno/a mismo/a.

Cuando una persona queda atrapada en un círculo vicioso de ‘pensamiento basura’-malestar es incapaz de sentirse bien con nada. Lo más importante es darse cuenta de que esto sucede y ponerle remedio. La solución es centrarse en uno mismo sin vivir pendiente de los demás y saborear el presente, es decir, concentrarse en lo que nos traemos entre manos en cada momento.

Y este ‘entre manos’ es literal. Fijémonos en dónde las tenemos puestas cuando estamos haciendo algo, observemos con atención la posición cambiante de los dedos, tomemos conciencia de los músculos que se activan en cada movimiento, sintiendo el tacto del objeto sobre el que están posados. Pensemos en todo lo que nuestras manos nos permiten hacer… Hagámoslo como si en ese momento no hubiera nada más importante ni urgente. Con total curiosidad.

Otra opción es poner los sentidos en el acto de respirar, el fluir de la inspiración y la espiración. Esa oscilación que nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte tiene también la capacidad de anclarnos al momento presente en cuanto posamos nuestra atención sobre ella.

No es fácil vivir con consciencia. Toda una vida de pensamiento y movimiento en piloto automático no se cambia de la noche a la mañana, pero ejercitándose un poco cada día pueden conseguirse resultados sorprendentes. Y es que el bienestar no es algo que se nos regale. Hay que conquistarlo cada segundo, cada día. 

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